Primera | Atlético 1 - Zaragoza 1

Show de Savio y milagro

El gol de Salva dio un punto a un Atlético inferior

<b>IMPARABLE. </b>Savio fue el gran protagonista del partido. El brasileño volvió loco al Atlético con sus quiebros y su velocidad. Nadie pudo pararle.
Iñako Díaz-Guerra
Redacción de AS
Actualizado a

Aguilera y Novo formaban la banda derecha del Atlético ayer. En el minuto 2, gol de Savio. Pese a lo que se dice, el fútbol es lógico. No sé si Ferrando estaba lanzando un SOS a la directiva, mostrándoles el estremecedor estado de dicha banda, o si seguía con su loable propósito de resucitar a los muertos. En cualquier caso, para experimentar debería comprarse el Quimicefa y no hacerlo con el Atlético. Ante un extremo del nivel de Savio, García Calvo habría sido una solución mejor en el lateral. Y poner a Novo en el Calderón, es soltar un cervatillo en una jaula de leones. Sólo un milagroso gol de Salva permitió al Atlético ganar un puntito y un poco de tiempo para intentar arreglar el desastre que es ahora.

Tras el gol maño, el Atlético se desquició. Bastó con que el Zaragoza se uniese a la moda: peguen a Torres, es gratis. En quince minutos, Lizondo (horrible) ya había señalado tres faltas sobre el Niño y había obviado un penalti de Milito sobre él. Jugadores y afición rojiblanca la tomaron con el árbitro, sin tener en cuenta una entrada infame de Aguilera a Savio y un penalti de Perea al brasileño. Es más fácil echarle la culpa a otro que asumirlas.

Buen gusto. Mientras el Atlético gritaba, el Zaragoza jugaba al fútbol. Y muy bien. Es un equipo que mezcla a la perfección criterio (gran regreso de Movilla y buenísima pinta de Zapater) y talento (sublime Savio, bien Villa y Galletti). Dos virtudes de las que carece el grupo de Ferrando. El regreso de Simeone al once acabó con pitos para el Cholo en el Calderón. Los tiempos están cambiando. Sólo la lucha sorda de Torres y la solvencia de Pablo le daban vida a un Atlético que tenía el balón, pero no ideas. Además, la cabeza no le servía ni para pensar ni para rematar: Nano, Perea, y Salva (dos veces) pifiaron cuatro testarazos francos.

En la segunda parte, el Atlético mejoró algo. Un poco por la entrada de Colsa y mucho porque el Zaragoza se dejó llevar. Era tan superior que cayó en la tentación y no apretó. Aún así, perdonó cuatro veces el 0-2, poste de Drulic incluido. Viendo semana tras semana al Atlético, un equipo así es una bendición, pero peca de blandito. Bastó que el canterano Braulio enseñase a sus mayores a cabecear a puerta para que Salva empatase. Y Torres aún pudo darle la vuelta al partido en la prolongación, pero falló un mano a mano. Hubiera sido tremendamente injusto para un genial Savio, un buen Zaragoza y un horrible Atlético.

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