Primera | Valencia 1 - Atlético 1

Torres emergió del sopor

Leo regaló el gol de Angulo. Gran susto de Aimar

<b>SIEMPRE EL NIÑO. </b>El Atlético parecía perdido, 1-0 y con diez, entonces Torres se inventó un gol.
Iñako Díaz-Guerra
Redacción de AS
Actualizado a

Tener a Fernando Torres en tu equipo es una bendición. Pregúntenle a Leo Franco. El buen portero argentino tuvo una noche infame. No agarró un balón y remató su mal día saliendo fuera del área precipitadamente a por un balón bombeado, cantando y regalándole a Angulo un gol que el Valencia jamás pensó que iba a marcar. Ochenta metros por delante de Leo estaba el Niño. Toda la noche solo, sin recibir un balón en condiciones y cosido a patadas por un rival que, visto que es una sombra de lo que debería ser, se hartó a pegar. Pero a Torres le basta un destello, que alguien (ayer fue Simeone) sea capaz de meterle un buen pase. Entonces, con espacio y en carrera, es imparable. Recortó a Navarro y disparó raso para batir a Cañizares. Rescató a un Atlético pobretón, pero, aún así, superior al Valencia en un partido soporífero.

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La noche nació torcida. En el minuto 2, Pablo fue a despejar un balón, pero Aimar se le adelantó con la cabeza. El pie del central impactó brutalmente en la cara del argentino, que se tragó la lengua y cayó redondo. Afortunadamente, los doctores de ambos equipos actuaron muy deprisa, utilizaron el tubo de Guedel y Aimar se marchó al hospital totalmente consciente. Todo el mundo se quedó groggy con el golpe y el partido nunca levantó el vuelo. El Atlético fue dueño del balón, pero sigue sin saber qué hacer con él cuando lo tiene. Luccin no da señales de vida y Sosa no da abasto. Pero lo del Valencia era peor. Sólo el incordio constante de Di Vaio permitía algún acercamiento. Parecía imposible que marcase un gol.

Locura. Pero ya saben que con el Atlético nada es imposible. Así que Leo le regaló el gol a Angulo y, a los cuatro minutos, Baraja expulsó a Paunovic. El serbio ya tenía una amarilla y el centrocampista ché provocó la segunda al sacar una falta contra él, cuando estaba demasiado cerca. La ley dice que impedir el saque es tarjeta, pero Baraja manipuló la regla de un modo un tanto antideportivo. Pues ya saben, ahora era imposible que el Atlético empatase y evitara que el Valencia le traspasara la crisis. Lo dicho. ¿Imposible? Gol de Torres, ya renqueante debido a un golpe en el costado, y Mestalla pitando a su equipo. La verdad es que lo único imposible ayer fue divertirse.

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