Torres brilla junto a Salva
Maravilla del Niño para su gol 50. Lució el tridente

Era el Ourense, un Segunda B, es cierto. Pero el Atlético ofreció ayer la mejor cara de las últimas fechas con un simple toque de maquillaje, no más complicado que lo poquito que hacen las chicas en un semáforo (yo me sacaría un ojo). Ferrando se decidió a jugar con dos delanteros, como casi todo el entorno rojiblanco solicitaba y, sobre todo, como querían los jugadores. Fernando Torres tardó muy poco en agradecérselo a lo grande. A los cuatro minutos, recibió un buen pasé de Ibagaza en la esquina izquierda del área y, en carrera, la levantó casi con el exterior en una maravillosa vaselina. Una obra de arte que supuso su gol 50 en partido oficial con el Atlético. El fútbol suele funcionar así: si la estrella es feliz, el técnico duerme tranquilo.
Además, sacar a Salva no sólo solucionó los problemas de soledad de Torres. Para hacerle un hueco, Ferrando mandó a Ibagaza a la derecha. Mano de santo. El argentino, un poco más alejado de los enormes centrales, encontró un poco más de tiempo para pensar cuando recibía. Y como tampoco es que necesite demasiado, se exhibió. Curiosamente, Ibagaza dirige más y mejor el juego rojiblanco desde la banda que desde el centro. Y de paso, su equipo puede quitar de esa zona el cartel de Se alquila. Ya hay inquilino.
Como ya teníamos feliz también a la segunda figura del equipo, los resultados llegaron rápidamente. Nada más empezar, asistencia a Torres. Al filo del descanso, magnífico centro de Ibagaza desde la derecha (creo que el último rojiblanco en hacer algo así fue Pantic) y sensacional cabezazo de Salva. El ariete demostró no sirve para mucho más que poner contentos a sus compañeros. Teniendo en cuenta la ausencia de creatividad que a menudo sufre el Atlético, la cabeza y la fuerza de Salva le solucionarán muchos encuentros. Por lo tanto, el tridente funciona y, como el resto ya lo hacía, Ferrando pudo encontrar en el inundado césped de O Couto el camino hacia Europa y, por qué no, ese título copero que tanto ansía la entidad y cuya primera criba se supero con enorme tranquilidad.
El Ourense. Porque el equipo local sólo inquietó durante un cuarto de hora somnoliento del Atlético, mediada la primera parte. Más allá de la constante lucha de Currás en el centro del campo y de la zurda de Durán, que dispuso de una gran ocasión que sacó el siempre atento Leo Franco, el Ourense salió derrotado de antemano. Parecía más interesado en mostrar la notable técnica de muchos de sus jugadores que en aprovechar el diluvio para tirar de fuerza y entrega y asustar a un rival fácilmente atemorizable a domicilio. El estado del terreno de juego perjudicó más al conjunto de Segunda B que al de Primera. Vivir para ver.
El Atlético nunca se perdió en florituras imposibles y mostró la contundencia que reclamaba Ferrando. En su cuarta ocasión, Nano marcó el tercero, picando la pelota con mucha clase. Tal vez el secreto para marcar goles fuera jugar con delanteros. No sé. A veces, los caminos de los entrenadores son inexcrutables. A partir de ahí, nada de ti, nada de mí, nada de nada. Sólo la sensación de que Abelleira, al que Teixeira expulsó a la media hora por sus formas camachistas, había dejado en el banquillo a su mejor futbolista: Cabarcos. Llovía tanto que el árbitro pitó el final 20 segundos antes de tiempo y todos fueron a abrazarle. El sábado, Salva no podrá jugar en Mestalla. Después, tal vez podamos decir que el Atlético encontró su sitio en Ourense. Ferrando y el tridente tienen la palabra.
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