Sobrevivieron a Anfield
El Depor logró un empate que le mantiene con vida

Empatar a veces es bueno y a veces es lo menos malo, como ayer. El agónico punto cosechado por el Deportivo en Anfield le da permiso para seguir soñando con estar en octavos de final. Algo para lo que tendrá que mejorar ostensiblemente la imagen mostrada ayer ante un Liverpool más bravucón que resolutivo.
El encuentro no arrancó trepidente, como se anunciaba por el bando local, pero la insistencia inglesa asfixió a un Depor lastrado en su zona de creación. Duscher, Mauro, Andrade y César atesoran solvencia defensiva, pero en labores de creación bajan enteros. Y eso Benítez lo sabía. Ordenó una angustiosa presión y el Depor optó por saltarse una y otra vez el medio del campo. Valerón era testigo impotente de la impaciencia de los suyos, mientras Luque vivía en fuera de juego, y Víctor y Pandiani, fuera de cobertura. El parte de guerra, sin embargo, estaba igualado. Riise sacó en la línea un testarazo de César, mientras que Manuel Pablo salvó milagrosamente un remate de Cissé.
El Deportivo tenía futbolistas para jugar al estilo Benítez (presión y contragolpe) y el Liverpool tenía gente para jugar al modo Irureta (tocando y llegando). Los papeles estaban cambiados. El Depor pedía a gritos la presencia de Fran, un jugador clarividente, con toque para oxigenar su fútbol. En esas andaba el partido cuando Manuel Pablo volvió a erigirse en salvador al evitar un tanto de Baros que ya cantaba la grada. Molina olía a gol y Jabo se encomendaba a una vieja regla del fútbol: Quien perdona, la paga. El Liverpool seguía acumulando méritos: Cissé, García, Baros... No aparecía el Depor de las grandes citas. Y así se llegó al descanso, con un Liverpool necesitado de gol y un Deportivo necesitado de balón.
Menos agobios. La grada de The Kop no tiene la costumbre de cantar el Youll never walk alone al empezar la segunda parte, canto que dispara la adrenalina de los suyos en los inicios de partido y pone la piel de gallina a los rivales. Quizás por eso el segundo tiempo no amaneció tan agobiante. Sin rastro de Cissé y Baros, Valerón se relacionaba algo más con el balón, hecho que el Depor agradecía. Cuando el reloj merodeaba la hora de partido, Jabo recibió malas noticias. Mauro se lesionaba y el irundarra practicaba al equipo una transfusión de raza con la inclusión de Scaloni. El mensaje era patente: a aguantar. Fran, mientras, veía el encuentro desde la zona de calentamiento. A un metro desde donde Víctor servía un pase que Valerón no remató solo por falta de fe.
Benítez movió ficha y afiló su perfil izquierdo con la entrada de Kewell, el hombre que arruinó el estreno coruñés en la Liga de Campeones. Visto que el Depor dominaba el tremendismo, Benítez decidió abrir el campo para desatar a su gente de arriba. El partido ganó velocidad. Ahora sí, el fútbol era de ida y vuelta. Vertiginoso. Al galope. Fútbol inglés en estado puro. Irureta leyó los espacios y regaló en los últimos minutos la delantera a un Luque al que vino grande el partido.
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El detalle: Mauro volvió y se lesionó
Mauro Silva, que regresaba ayer a los terrenos de juego, se tuvo que retirar por una contractura en el bíceps femoral de su pierna derecha.



