Primera | Atlético 1 - Racing 0

Los indomables de Sosa

Un gol de Torres da el triunfo a un sólido Atlético

<b>UN GRAN LÍDER. </b>Marcelo Sosa se echó el equipo a la espalda durante los 90 minutos. El uruguayo debutaba como titular y se ganó al Calderón.
Iñako Díaz-Guerra
Redacción de AS
Actualizado a

Ganó el Atlético con gol de Torres. Lo normal. Porque el equipo de Ferrando mostró una solidez envidiable, con Sosa espléndido y todos sus compañeros, convertidos en clones del Pato, luchando como posesos, pero el componente diferenciador de este equipo, pese a quien pese, sigue siendo el Niño. Es cierto que su gol llegó tras un error inexplicable de Pierini y que falló un mano a mano aparentemente sencillo, pero la única realidad es que sin él, el Atlético no habría ganado ni se acostaría en Champions. Eso es una figura.

El Atlético más serio de la temporada tuvo un líder inesperado: Marcelo Sosa. El uruguayo contagió su espíritu indomable al resto de sus compañeros. La pelota apenas permanecía un instante en los pies de los jugadores del Racing. Daba gusto ver a Jorge tirarse al suelo como si, en vez de en Las Palmas, hubiera nacido en Montevideo; a Ibagaza robar balones como si fuera Gattuso, o a Torres perseguir rivales hasta su propio campo. La presión rojiblanca fue ejemplar durante los 90 minutos.

Con el balón en su poder, el Atlético bajó un escalón, pero aún así mostró una imagen infinitamente mejor que en los últimos partidos. También en este aspecto Sosa fue el referente. La lucha y la brega se le suponían, pero los detalles de pura calidad suramericana que mostró con la pelota, escondiéndola, amagando y dando siempre el pase correcto, fueron una agradabilísima sorpresa. Un punto para José Luis Garci.

Pobre Alcaraz.

Enfrente, el Racing fue un juguete durante la primera mitad. Al pobre Alcaraz le han dado un grupo muy limitado, cuyos mejores hombres (Parri, Benayoun, Regueiro y Guerrero) juegan de medio campo hacia arriba y rara vez la huelen. Detrás tiene un portero, Aouate, demasiado gesticulante que, aspaviento va aspaviento viene, transmite inseguridad a sus defensas. Y tipos como Pierini ya tienen bastante con ellos mismos. El italiano, un fichaje extraño, le regaló el gol a Torres con una cómica patada al aire. A partir de ahí fue un flan. Tras el descanso, Alcaraz mostró su valentía habitual e introdujo tres cambios ofensivos, con el amenazante Jonatan incordiando entre líneas, y el Racing ganó la posesión, ante un Atlético empeñado en dormir el partido en exceso.

El agobio visitante fue fútil. Las pocas veces que el balón superaba al sabueso Sosa y a Luccin, lo que se encontraban los cántabros era peor: Perea y Pablo, los mejores centrales de lo que va de Liga. Forman la pareja perfecta, poli bueno y poli malo. Pablo no altera el gesto, siempre tranquilo, te la quita porque es más listo que tú, llega antes y, cuando se va con la pelota, le das las gracias. Perea da miedo, cuando le ves venir sólo piensas en desaparecer y cuando chocas con él sabes que es como las películas de Van Damme: habrá otra y será todavía peor.

Al Atlético aún le falta gol y un punto de calidad más allá de Torres e Ibagaza, pero si se ha marcado crecer a partir del modelo del Valencia, va por el buen camino: Torres, Perea, Pablo, Antonio López, Sosa, Luccin e Ibagaza forman un núcleo joven y muy sólido. El Racing tiene un problema: o Alcaraz también sabe hacer milagros o la Liga se les hará muy larga.

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