Amistoso | Zaragoza 0 - Atlético 2

Salva se lo toma en serio

Marcó un gol y el Atlético venció fuera del Calderón

<b>CONTUNDENCIA. </b>A pesar del carácter amistoso del encuentro hubo algunas entradas duras que fueron sancionadas con tarjeta amarilla.
Mario Ornat
Redacción de AS
Actualizado a

Como cartel anunciador de las fiestas del Pilar, este partido no hubiera llegado lejos. Esperar algo distinto apenas pasaba de cándida ilusión festiva. El Atlético estuvo más, estuvo antes y estuvo mejor. El Zaragoza apenas alcanzó a comparecer físicamente en su propio trofeo, sin que ninguno de los alicientes (ver a los que juegan poco y a Óscar en su reaparición) lograran imponerse sobre la impresión general de flacidez o desconcierto. Nadie hubiera creído al Zaragoza capaz de producir tan poco fútbol y ser así de volátil. En ese sentido, el Trofeo Carlos Lapetra de ayer le hizo daño: demasiadas bajas, muchos cambios, poco interés... El Atlético, apenas con algo de compostura y un equipo más compensado, ganó y pudo golear.

La prensa acostumbra a preguntar si estos encuentros extemporáneos les vienen a contrapelo a los futbolistas. Ellos dicen que no, aunque todos sabemos que sí. Pero habría que preguntarle también al público. Crece la sospecha de que es a la grada a la que más gordos le caen los amistosos, por convicción o por experiencia. Partidos como éste reclaman la competición o una visita al cine. La Romareda, semidesnuda, vio la primera media hora en un silencio remolón. Lo único llamativo eran las rayas paralelas que le hacía el pelo a Muñiz, el árbitro, que lo llevaba emplastado de gomina como es su costumbre. A la media hora Muñiz cruzó fulgurante el campo y produjo una tarjeta.

Novo acababa de tumbar a Savio. El brasileño le había hecho el punta-tacón, punta-tacón, paso clásico de la jota, con un mejorado sentido de la oportunidad. Novo lo tiró y al Atlético se le endureció el gesto. Mandaba Simeone. Ahí se despertó la gente. No hay mejor para despertar a la gente que un árbitro despistado o un rival que le ponga mala leche a un partido amistoso. En cierta ocasión, Daudén lió una de aupa en La Romareda en un torneo como éste, y le dijeron de todo menos guapo. El Chievo se quedó con nueve el año pasado. Así que el cambio de registro molestó a la grada, que hasta entonces cavilaba si no habría sido mejor subirse a la noria o tirarse al tren. O al contrario.

En la primera parte el gol se hizo improbable. El Zaragoza no tuvo llegada, no tuvo nada. El Atlético desaprovechó un par de los muchos errores defensivos del equipo local: ni Salva ni Colsa pudieron evitar la risa a la hora de definir, y las tiraron fuera. El Atlético tuvo, en todo, un aspecto más serio, más cuajado. Víctor quería que este partido no le tocara mucho al equipo, así que juntó a churras con merinas y en el descanso agotó las combinaciones e hizo otro Zaragoza absolutamente nuevo. Nada se movió, ni el aire.

Sólo Soriano, que pasó al centro de la defensa, la zona cero del Zaragoza. Ahí no queda nadie. Un lío para el Largo. Y sí, en dos minutos el Atlético usó un saque de banda para hacer gol. Salva la pidió al hueco izquierdo del área, protegió con el cuerpo y Soriano se trastabilló contra su espalda. Sin quererlo, le dio argumentos a Muñiz para decretar penalti. La gomina centelleó. Salva la puso en la red. Dos minutos más tarde, Novo remató solo en medio de un área en la que habría, tirando por lo bajo, 40 o 50 jugadores. Dos goles sin hacer casi nada. Le había bastado con dominar el medio (bien Colsa y Simeone) y apretar las tuercas con el ímpetu de Salva y alguna jugada de pizarra. Cada una de esas representó un problema para el Zaragoza. Y encima, al final va y se lesiona Javi Moreno. El colmo de un amistoso: pierdes y se te lesiona el goleador.

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