Liga de Campeones | Deportivo 0 - Olympiacos 0

El Depor baja la escalera

Se confirma la crisis contra un rival sin entidad

<b>MALOS SÍNTOMAS. </b>El Deportivo no fue capaz de superar a un pobre Olympiacos, que tuvo en Rivaldo a su mejor jugador.
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Cuando Irureta repasó el partido en su libreta antes de acostarse, Carlos Pita llevaba la manija del equipo junto a Sergio. Horas después, algo que sólo él sabe, inclinó la balanza del lado de Scaloni. A nadie debería extrañarle. Jabo nunca alumbró un pavón de campo durante su larga estancia en Casa Lendoiro. Dirán unos que le faltaron arrestos para apostar por un canterano. Alguien cavilará que vio al chaval nervioso, no olviden que su hábitat es la Tercera, cuatro peldaños abajo. El asunto es que Irureta se agarró a lo que tiene. Fue tan fiel a su filosofía como subliminal en su mensaje (presidente, estos son los bueyes que tenemos y con ellos habrá que arar).

Acudió por tanto el Depor a su primer vida o muerte, con Scaloni escoltando a Sergio. Leo, hombre para todo, es a veces lateral, en ocasiones extremo y ayer, incluso, capitán. Su espíritu emprendedor le lleva a embarcarse en tareas insospechadas. Anoche aplacó su incontenible ego aventurero para ejercer de reposado mediocentro. Algo así como si Vicente Belda tuviera que dirigir al Rabobank.

El rival de anoche, más que el Olympiacos, era el propio Depor, más un Rivaldo que viene ya bajando la escalera. Pero el Depor envejece y los achaques no se han hecho esperar. El balón ya no fluye con la alegría que en épocas anteriores y la artritis medular se está extendiendo a las extremidades del equipo. Y luego está el asunto Valerón. En él empieza y acaba todo. Antes, cuando el canario iba a recibir, los extremos echaban a correr. Tiraban desmarques. Ahora, se quedan a mirar si el canario se va de cuatro sabuesos, en lugar de proponerle una pared. Y claro, en caso que se obre el milagro, arrancan con retraso porque se quedaron a aplaudir. Hermanos en los éxitos y primos en los fracasos, en este equipo no hay nominados. O todos o ninguno. Ante este turbio panorama, el Olympiacos sacó el cuchillo (19 faltas en el primer acto), le dio el balón a Rivaldo y disfrutó de tres ocasiones de esas que retratan a un equipo: una chilena de Rivo, un regalo de Molina y una contra mal finalizada. Rivaldo y diez más. En los blanquiazules, nada reseñable salvo un par de llegadas de un revolucionado Luque que debe incorporar algún quite más a su catálogo de desborde.

Terapia de Irureta.

En el descanso Jabo practicó una charla-terapia en la que mezcló bandas con autoestima y táctica con psicología. El público, huérfano de alegrías que llevarse a la boca, se congratuló con los goles que los leverkusianos aplicaban a la galaxia. Con eso y un par de animosas acometidas de Andrade, Riazor se encendió. Sin embargo, el equipo no correspondió a la parroquia. Por primera vez en muchos años, el Deportivo presenta síntomas de anemia futbolística. No es hora de desatar el alarmismo, pero la vejez llega sin avisar, goteando. Este equipo no se ha olvidado de jugar, pero se le ha aburguesado el subconsciente. Irureta reforzó el ego del grupo alineando a Fran y Munitis realizó el primer tiro a puerta en el minuto 75. Eso fue ayer el Depor.

Lendoiro debe sacar sus propias deducciones, pero el tiempo no pasa en balde. Diciembre debe reactivar un vestuario que atesora tanta calidad como hastío. El final del partido, con el equipo blanquiazul apelando al tremendismo defensivo evidenció la mala situación del equipo. Todo esto se magnifica si tenemos en cuenta que enfrente había un rival menor que no está llamado a grandes empresas. Descorazonador paisaje, por tanto.

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