Primera | Málaga 0 - Zaragoza 0

Milito le estropea la fiesta del debut a Wanchope

Málaga y Zaragoza, cautos, empatan en un mal partido

<b>LUCHA SIN PREMIO. </b>Villa y Fernando Sanz disputaron uno de los duelos de un partido aburrido que acabó en tablas.
Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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Los fastos organizados para recibir entre oropeles a Paulo César Wanchope estaban injustificados. Qué fiasco. Su estreno fue desalentador. Cansado por los viajes, pasó por el partido como un espectro. Nunca estuvo allí, y si dio alguna señal de vida se encontró con Milito, un central imponente que juega con galones de general o de lo que quiera. Víctor puede ir con el argentino al fin del mundo. En La Rosaleda le bastó con un fabuloso partido de Milito para sacar un punto. El empate no desconsuela a nadie. En realidad, no hicieron mucho por evitarlo, fueron peligrosamente cautos.

Málaga y Zaragoza nunca decidieron ir a por el partido. Atenazados por un injustificado miedo en la segunda jornada, apenas produjeron oportunidades de gol en el partido y casi se diría que fueron felices con el empate a cero. Un conformismo impropio en estas fechas de comienzos de curso y buenos propósitos.

El error.

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No hubo nada que echarse a la boca en la primera parte hasta el minuto 45, cuando una jaimitada de Luis García, portero desconcertante, no acabó en gol de milagro. Juanito sólo acertó a tocar el balón y éste acabó en el palo. Hasta entonces, el partido había sido plano, con el Zaragoza correcto, ordenado y responsable, pero sin una pizca de atrevimiento. Mientras, Wanchope se sentía un alien en medio de La Rosaleda. Lento, con 17.000 kilómetros sobre sus espaldas, no dejó ningún destello. Está desacompasado, todavía no sabe a qué juega su equipo. Tampoco triunfó Amoroso, generoso en el esfuerzo y muy móvil, pero sin la inspiración adecuada. Luego Manzano movió el banquillo y Edgar y Geijo estuvieron animosos, pero se chocaron con un gigante (Milito).

Al final, el peso lo llevó el Zaragoza, que adelantó la defensa casi al centro del campo y empujó, pero sin claridad. Romero salvó un gol de Javi Moreno y todo acabó en medio de una mediocridad absoluta. Ni siquiera Movilla, que tenía una cuenta pendiente, le puso picante. Nadie animó la fiesta del debut de Wanchope, ni él mismo, vamos.

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