Torres se pone en cabeza
Marcó el primero y dio el segundo. El Atlético, líder

El Atlético es líder. En realidad para serlo totalmente tendremos que aferrarnos al orden alfabético (está completamente empatado con el Barça y, de acabar así la Liga, se jugaría un desempate), pero debería servir la sonoridad de la frase, lo extraordinario que parece hoy lo que una vez fue ordinario: el Atlético es líder (de Primera, aclaro). Y sé que sólo van dos jornadas, pero déjenle disfrutarlo y no se fíen, que este equipo de Ferrando tiene muy buena pinta.
Para empezar, el líder tiene un líder: Fernando Torres. El chaval estaba teniendo un día gris plomo, pero en cinco minutos demostró que ya es un grande, que siempre está ahí, que aparece sí o sí. Cuando el empate a nada parecía desinflar ligeramente el globo de la euforia, un estrepitoso fallo de Buades, que le regaló un mano a mano al intentar cederle un balón de cabeza a Valbuena, desató la tormenta. Torres tuvo tanto tiempo para pensar que nos dio tiempo a pensar que lo fallaba, pero no lo hizo. Los tiempos están cambiando en el Atlético. Ya en la prolongación, agarró un balón y se dedicó a desvencijar contrarios hasta que vio solito a Ibagaza en el punto de penalty. Éste no podía afear la acción, así que la picó por encima del pobre Valbuena, que tuvo tiempo para mirar de rodillas como entraba el balón. Suplicio innecesario.
Sopor.
Nada en la primera parte hacía presagiar los fuegos artificiales del final. Fueron 45 minutos infumables en los que sólo Momo se encargaba de recordar que aquello era fútbol. El canario dio una exhibición de recursos: regate, control, visión, pase largo y corto... Una joyita. Pero lo demás fue un horror. Tanto que casi le agradecimos a Medina Cantalejo su exhibición de incoherencia. Es uno de esos árbitros capaces de absolver a Jack el Destripador y meterle quince años al niño de ET por conducción temeraria. Si castigase las patadas como las palabras, sus partidos acababan con menos gente que la grada del trofeo Hellboy.
En el descanso, Ferrando dio un giro definitivo al argumento y varios gritos a sus jugadores. De hecho, tras la victoria dijo que si somos líderes con esta actitud es para echarse a llorar. Da gusto ver tanta ambición en un club que lleva años sumido en la autocompasión. El técnico apoyó su bronca con hechos y sentó a Simeone y Colsa para sacar a Luccin y Salva, convirtiendo el 4-2-3-1 en un 4-4-2 con rombo en el centro del campo. Si el Atlético apuesta por volver a ser grande, estas decisiones valientes marcan el camino correcto. Luccin se bastó para manejar el partido y Salva peleó todo lo necesario para darle aire a Torres.
Los cambios tampoco convirtieron el agua en vino (a lo sumo en tinto de verano), pero la cosa fue mejorando desde atrás hacia delante. La defensa rojiblanca no para de enviar magníficas señales, sobre todo Pablo, que crece y crece tanto que nos empieza a dar miedo que Ferrando siempre tenga la razón y, entonces, a ver a quién criticamos. El Albacete se fue encerrando y Valbuena se convirtió en héroe momentáneo. Pero el papel protagonista estaba adjudicado de antemano para el héroe habitual y Torres no falló. El domingo, duelo de líderes en el Calderón: Atlético-Barcelona. Dichosos los ojos.
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