Escocia pegó mucho y jugó poco
Escocia pegó mucho y jugó poco. Venía dolida por el ridículo ante Hungría en Glasgow y lo dejó muy claro desde el principio. Una Escocia rocosa, por momentos violenta, con muy poco fútbol y escasas posibilidades de salir adelante. Más allá del apagón y del honroso empate, este equipo necesita un cambio brusco. Vogts apostó por dos puntas con Crawford y McFadden, pero sólo jugó al pelotazo. Confió en alguna jugada a balón parado y por eso no extraña que no apareciesen ni Fletcher ni McFadden, ausentes toda la noche. Ni por supuesto, Ferguson, el único mediocentro escocés capaz de ordenar al equipo. Escocia se metió atrás, se encontró con un gol a favor y se limitó a frenar el pobre juego español.
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Crawford, McFadden y Quashie se perdieron en un juego poco habitual en ellos y ninguno se mostró en su nivel. Hubo detalles que el aficionado escocés valorará ante el próximo partido oficial frente a Eslovenia. Fletcher jugó en la derecha, su mejor posición. Vogts había insistido con él lejos de la banda y por fin cedió. El joven portero Gordon se mostró inseguro en la jugada del penalti y el equipo necesita recuperar a Marshall y Quashie necesita jugar con más libertad, en busca de su buen disparo desde media distancia.
Aun así, Escocia no es ni la sombra del equipo de los años ochenta y su fútbol ha disminuido hasta niveles alarmantes. Le costará reponerse y desde luego, necesita intentarlo sin Berti Vogst. Hay talento en McFadden, Ferguson y en menor medida Fletcher, pero faltan jugadores que les acompañen. No creo que lleguen buenos tiempos en el futuro para esta Escocia.




