Homenaje a Mágico González | Cadiz C. F. 3 - Amigos de Mágico 3

La magia brilló el día de su despedida

Tres goles, dos de ellos de fantasía, y su toque de siempre, fue el legado de Mágico en su homenaje

Mágico demostró su fantasía en el partido.
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Ni Diego Armando Maradona en su despedida fue capaz de dejar destellos como los que regaló en su adiós el genial e inimitable Mágico González. Ante los suyos, sus amigos y su Cádiz, tradujo con el balón las emociones que le fueron llegando a borbotones en un homenaje muy esperado por todos.

Tres horas antes de la salida al estadio que lleva su nombre, AS tuvo el privilegio de acompañar al protagonista en su habitación, donde firmó amablemente las diez camisetas del Cádiz que vamos a regalar a nuestros lectores. Y después de esto, nos comentó que se iba a descansar, a pensar cuáles iban a ser los regalos, que en forma de fútbol-arte, le iba a dejar a sus niños salvadoreños.

Y así fue. Jorge González llegó al estadio nervioso, deseando que comenzase la acción, como un niño con zapatos nuevos. Sólo el minuto de silencio a la muerte de su padre Óscar, acaecida hace un año, el saque de honor de su madre Victoria y la entrega de una placa de sus compañeros del Cádiz, en la que se leía San Mágico, le desvió de su inspiración. Cuando sonó el pitido inicial, toda esa tensión se transformó en arte.

Los primeros minutos del Cádiz fueron de ensueño, con Kiko en punta, Mejías por la derecha, Mágico en la media y Villa a la izquierda, con Chico Linares y un adelantado Arteaga en el centro, y la línea de defensa formada por Juan José, Hugo Vaca, Raúl Procopio y Mateos. Los primeros toques del Mágico le liberaron de la tensión, y al poco de comenzar, ya le entregaba a Arteaga un pase claro de gol. En el partido no hubo velocidad ni vértigo, pero sí un enorme derroche de calidad técnica. La aportaban todos los que estuvieron en el campo, pero el Mago por un lado, y Francescoli por el otro, hicieron sacar los pañuelos en las gradas con su toque, sus vaselinas y, en el caso del uruguayo, sus diabluras con las chilenas y su manejo del balón en el área. Juan José y compañía tuvieron trabajo para parar al uruguayo.

El equipo de los amigos de Mágico González se adelantó en el marcador por obra de un remate de Negrete, pero pocos minutos después, Francisco Narváez Kiko fabricó un penalti que transformó con sabiduría el Mago. Sin embargo, el maestro no quería irse de su homenaje con este tipo de goles, como hizo Maradona en su día, y después de dos intentos, transformaba al segundo palo por la escuadra una falta directa, así, sin anestesia, con su toque de otro planeta, lo que provocó el delirio de los suyos. Antes Careca, a pase de Braivloski, adelantaba al equipo de americanos.

Para la segunda parte, el Mágico dejó el Cádiz y se puso la elástica azul de sus amigos. El partido ya no fue tan intenso como en los primeros minutos, pero el Mago no se quiso ir de vacío, y buscó su gol a cámara lenta, quería dejar huella en su día. Raúl Procopio, en un remate, adelantó al Cádiz, pero poco después, llegaba la jugada del homenaje. El Mago recibió al borde de la línea de fondo y, con el empeine y casi sin ángulo, elevó el balón para dejárselo por arriba a un Mayé que no pudo hacer nada para evitar el gol.

Este fue el momento de agradecimiento del Mago a los suyos. A partir de ese instante, el partido se paró, y sólo algunas internadas de Jorge González, el Picha, el hijo gaditano del Mago, y algunas travesuras de Francescoli, desviaron la atención de un jugador que jamás olvidará este día y que pidió el cambio a dos minutos del final, lo que provocó una ovación que hizo temblar los cimientos del estadio.

Todos los jugadores lo elevaron al cielo, como agradeciendo a Dios el regalo que le ha hecho al fútbol con la magia de Jorge Alberto González Barillas, el Mágico.

Mientras, su pueblo en masa, esas 35.000 almas que abarrotaban el estadio, coreaban el nombre del más grande personaje que ha tenido su país a lo largo de la historia.

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El homenaje firmó su página en la historia

Todos los detalles de este partido de Mágico González se recordarán durante años. La presencia de tantísimos grandes futbolistas en las filas de ambos conjuntos, la emoción del Mago al recibir este homenaje de sus compañeros (fue manteado y recibió una placa), el buen ambiente en el vestuario en la previa al encuentro, el cariño de la grada que abarrotaba el estadio que lleva su nombre, el saque de honor por parte de su madre, Victoria, quien a sus 87 años no quiso perdérselo y el agradecimiento de todos los aficionados al deporte rey que tienen una deuda con el arte de este salvadoreño. Gracias Mágico por tantos momentos de fútbol. Ninguno de los presentes, empezando por tí, podremos olvidar este día.

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