Entre la sospecha y la esperanza
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Estupor en el madridismo. Casi nadie comprende que el club se haya gastado más de 3.000 millones de pesetas en un futbolista casi inédito por las lesiones, por no hablar de su facilidad para meterse en problemas: tiene más fotos con bobbys que con delanteros rivales. El aficionado se pregunta quién asesora a Florentino, si lo hace Butragueño, que no parece, o es Camacho, que podría tener inesperados conocimientos del proceloso fútbol internacional, o tal vez lo que sucede es que nadie asesora a Florentino, al menos nadie que tenga que ver con el departamento deportivo si es que tal cosa existe.
Por primera vez, Florentino hace una apuesta arriesgada, mucho (Queiroz aparte). Si el futbolista sale bueno dejará de ser sólo un gran gestor para convertirse en descubridor de talentos. Le faltará tirar los penatis. Si el chico le sale Prosinecki recuperarse del batacazo le costará, por lo menos, dos galácticos más, uno en diciembre. Lo cierto es que al muchacho le cambió la cara al pisar el Bernabéu y parecía un niño de San Ildefonso. Tal vez se complete la transformación y no tenga lesiones, quizá siente la cabeza y se revele como un central fabuloso. El ardor guerrero de los británicos gusta en el Bernabéu y a este le brota fuego por las orejas. Sea como sea, sigo sin tener claro quién ficha en el Madrid. Quién aconseja, quiero decir.



