Primera | La vida de Owen (1)

Adiós al récord de Ian Rush

Pertenece ya a la nómina de grandes mitos que ha dado el Liverpool. Michael Owen empezó desde joven a despuntar en el colegio. Se crió en Gales y era simpatizante del Everton. Fue en la escuela de Deeside donde mostró su gran talento: 92 goles en 72 partidos de temporada.

<b>UNA INFANCIA EXITOSA</b>. Michael Owen disfrutó del fútbol desde la infancia. Comenzó en el modesto Mold Alexandria cuando no era más que un niño. Sin embargo, su padre quiso que entrase en la selecta escuela de Deeside cuando sólo tenía ocho años. Allí alcanzó unos números impresionantes con dos equipos: el Hawarden y el St. Davis Park.
Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

Michael Owen nació 19 años antes de enloquecer al mundo con aquel gol maradoniano a Inglaterra en Francia 98 que merecerá casi un capítulo. En 1979, Maradona empezaba a marcar su hegemonía en un Mundial juvenil, Keegan ganaba el Balón de Oro, el Nottingham Forest dominaba en Europa e Inglaterra aún digería su ausencia de dos Mundiales consecutivos. Ese año nació Michael Owen, el 14 de diciembre en Chester. A sólo media hora de Liverpool, aunque sus padres se habían establecido más allá de la frontera con Gales. En Hawarden, para ser más exactos. Años más tarde, Michael Owen se encargaría de arrebatar algún que otro récord a un mito galés como el gran Ian Rush.

En realidad, su espléndida carrera tiene muchos recuerdos en Gales. Allí vivió sus primeros años, se enamoró del fútbol y jugó sus primeros partidos. En Gales hay constancia real del primer partido organizado en el que jugó Owen, un 2-0 de su Mold Alexandria ante el Bagillit. Owen tenía siete años y todo ello lo asegura su primer entrenador, Howard Roberts. No recuerda si marcó aquel día, pero sí que terminó la temporada con 34 goles en 24 partidos y que hizo nueve en los veinte primeros minutos de un partido. Roberts decidió mandarle a la portería en un gesto piadoso. También recuerda que sólo se permitía jugar a chicos de más de ocho años, pero Michael lo consiguió tras una carta enviada por su madre, Jeannette, a la dirección del torneo. En aquel momento, Owen ya tenía clara su simpatía por el rival de toda la vida del Liverpool, el Everton, ironías de la vida.

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Su padre, Terry, había sido un modesto centrocampista del Bradford City, Port Vale y Chester que llegó a jugar dos partidos con el Everton. Aún se encontraba en activo cuando Michael nació y dejó el fútbol con una respetable cifra de setenta goles en poco más de trescientos partidos. Padre futbolista, por tanto, e hincha del Everton. Y aficionado al mundo del boxeo, lo suficiente como para inscribir a su hijo en el Boxing Club de Hawarden. En realidad, Terry jugaba al fútbol en el patio de su casa con Terry Junior y Andrew, dos hermanos mayores de Michael. Hasta que un día descubrió las condiciones del tercero de sus hijos y se lanzó al ataque.

Howard Roberts hizo el resto y Owen asombró en el Mold Alexandria. Marcó goles con la facilidad con la que su ídolo Gary Lineker lo hacía en el Everton, demostró todo su instinto y velocidad y Roberts se preocupó siempre de que jugase con rivales mayores que él para poner a prueba su calidad. Para Roberts, cuando corría con el balón parecía danzar. Nunca vi nada similar a su edad. No extrañó que dejara el Mold Alexandria para aceptar una prueba en la escuela Deeside. Con ocho años se le seleccionó para jugar con chicos de once. En aquella escuela Ian Rush había establecido un récord descomunal de 72 goles en la temporada. Owen lo elevó a 92 ante el estupor de todos, incluido el director, Dave Nickless. Lo hizo con dos equipos, el Hawarden Rangers y el St. Davids Park. Tenía 11 años, su padre Terry no paraba de aconsejarle mientras mejoraba día a día su técnica. Equipos importantes en Inglaterra empezaban a asomar la oreja. Entre ellos Brian Kidd, más tarde ayudante de Ferguson y entonces ojeador del Manchester United. Kidd tiró el anzuelo, pero la Football Association impidió el viaje de Owen al no tener aún la edad permitida. Kidd calló y aceptó las reglas. Si hubiese sabido que dejaba con ello a uno de los futbolistas ingleses encargados de hacer historia hubiese insistido más en su contratación.

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