Empate derrotista
El Shelbourne mereció más contra el Deportivo

Empate a cero. Resultado muy socorrido. Unos dirán que siempre es bueno empatar en casa del rival. Se me viene a la cabeza el Oporto, aunque el Shels sea otra cosa. Otros dirán que pudo ser mejor. Tan cierto como que pudo ser peor.
En Lansdowne Road no conocen a David Bisbal. La megafonía destila un folk adobado con guitarras rocanroleras. Clásicos de la talla de U2 o Thin Lizzy, la banda sonora de esta cautivadora ciudad que es Dublín. The boys are back in town (Los chicos están de vuelta en la ciudad) suena amenazante mientras el Shelbourne calienta. Para compensar, un hospitalario y casposo ¡Qué Viva España! antecede a la salida del Deportivo. Cada seis minutos, la histórica tribuna de prensa construida sobre Lansdowne Station vibra con el paso de los trenes de mercancías. El acomodador de prensa, veterano personaje que peina canas desde un par de décadas, sonríe socarronamente cuando el speaker comienza a desvelar el once local. Del 1 al 11. Como Dios manda. Esto es Irlanda, las Islas. La liturgia hecha fútbol. Sólo se echa en falta una Guinness al lado. Pero eso toca al final. En el tercer tiempo. Como canta Bono, con razón, es un Beautiful Day. O al menos, todo apunta a ello.
Los Reds empiezan fuerte. No especulan. No saben hacerlo. Con esto se contaba. La grada ruge cada vez que su equipo atraviesa la línea de 22 y se acerca al área. Mauro aparece más que Valerón. Mala señal. Comienza a llover. También se contaba con esto. La primera ocasión blanquiazul llega en un balón aéreo. Con esto sí que no se contaba. Puesto que los irlandeses corren más que los coruñeses, que corra el balón. Los locales se diluyen tras su efervescente salida. Lansdowne celebra la tarjeta a Sergio, mientras Luque (que pospone su vuelta a Can Barça al menos un curso al jugar la previa) prueba la medicina del rocoso Heary. A estas alturas, el inquietante Hoolahan y el eterno Mauro gobiernan el partido. No hay noticias de los delanteros. De los porteros, sí. Molina, que sufrió un encontronazo con Fitzpatrick, no puede seguir. Pasa el tren cuando el árbitro les manda a la ducha. Mejor. No tiene buena pinta. El Depor se juega la Champions. El Shelbourne, la vida.
Amago sin golpeo. Retoma mejor el Depor. Sergio inventa un pase a Luque, pero el balón le cae en la derecha y cruza demasiado. Un minuto después, un somnoliento Pandiani se recrea ante Williams. Dos amagos, ningún golpe. Falta al borde del área. Luque desata su látigo, pero la pelota se encuentra a Mauro en el camino. Es lo que tiene la pretemporada. El rodaje. El partido se tiñe de blanquiazul, aunque una significativa pancarta situada en un fondo advierte. ¡Believe! (Crean). Nunca faltó fe en el templo. Y Lansdowne Road lo es. El Deportivo se suelta, pero el fútbol directo del Shels no anuncia sus golpes. La salida de Duscher acoraza el mediocampo visitante. Los minutos gotean entre el cansancio de unos y la fatiga de los otros. Los irlandeses merecen más, los gallegos no merecen menos. Difícil solución. Un testarazo de Moore hace trabajar a Munúa y Duscher da el susto. Pasa el tren por Lansdowne Station. El tren de la Champions. ¿Para quién?
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