Primera | Real Madrid

Pastillas para dormir y DVD en el viaje de vuelta a Madrid

Carmen Colino
Editora jefe de Eventos Deportivos. En AS desde 1996, de ellos 22 años en la sección del Real Madrid siendo responsable de la misma desde 2006. Dos años en redes sociales y ocho de responsable de Verticales y Actualidad. Vicepresidenta de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid. Colaboradora de El Chiringuito de Pedrerol, Atresmedia.
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El vuelo de regreso a Madrid transcurrió sin ningún problema. Los últimos minutos de los madridistas en Tokio fueron tan multitudinarios como el resto de los días. El vuelo despegó con puntualidad británica. Los jugadores se sentaron en la primera planta del avión, mientras que el resto de la expedición ocupó la parte de abajo. Nada más subir, los futbolistas se vistieron con ropa cómoda y algunos pidieron pastillas al doctor para poder dormir a lo largo de las 13 horas que duró el vuelo. Casi todos consiguieron descansar durante las primeras siete horas de viaje.

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Después, se entretuvieron jugando a las cartas, viendo películas en sus DVD y otros eligieron seguir las películas que se proyectaron durante el viaje (Shrek 2 y El Día de Mañana). También hubo quién prefirió la lectura. Los dos libros estrellas de este viaje han sido El Código da Vinci y La Sombra del Viento, que centraban otros corrillos de animada charla. Uno de los asuntos de conversación fueron las compras de aparatos electrónicos. El Madrid ha regalado a cada jugador una cámara de vídeo DVD, aunque el producto estrella que casi todos se han traído son los modernísimos ipot (un aparato para escuchar música bajada de internet).

Zidane fue el primero en despertarse para pedir hielo para su dedo y comer un dulce, Raúl estuvo hablando con García Coll, Figo pidió fruta y Michel Salgado bajó para hablar con su amigo Tato (el único aficionado que iba en la expedición). A Camacho ni se le vio. Lo sorprendente fue la llegada. Más de 300 personas esperaban que el Real Madrid saliera por la terminal uno. Agentes de seguridad de Barajas tuvieron que acompañar a Roberto Carlos, Guti y Míchel Salgado hasta sus coches porque les era imposible llegar.

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