Uruguay, el arte de saber ganar
Fiesta por pasar a semifinal: El fútbol hay que sentirlo, si no, ¿para qué juegas?.


Uruguay pierde las guerras cuando ellos se dan por vencidos, no cuando el rival ha ganado. Y suele no rendirse. Comenzó el torneo con una derrota, último de grupo y reduciendo sus posibilidades de pasar a semifinales a un 10 por ciento. Pero aún así llegó con vida a la última jornada, un Uruguay-Guinea Bissau sin posibilidad de conchabeo: el ganador pasaba a semifinales y si empataban no lo hacían ninguno de los dos. Guinea Bissau empezó ganando, 1-0 a los 13 minutos obra de Vlademir Mendoca, una gacela al estilo del Finidi de sus mejores tiempos regateándolo todo hasta la línea de gol. Pero el loco, el pelado, el toro, el bote y el tubo, como se llaman los uruguayos dentro de su cancha, le pusieron raza: Apretá que hay que ganar; pero dále al área boludo, que vamos perdiendo; línea, ejecutá antes el off-side y no nos hagas correr en vano. Los últimos cinco minutos, con 1-2, el banquillo de Uruguay festejaba y cantaba con su hinchada. ¿Atrevimiento? No, seguridad. Uruguay sabe de sobra cómo no perder un partido en los últimos minutos.
Que si el contrario era mejor, que si corría más que nosotros, ¿quién ganó?. Así entraba al vestuario un eufórico Fernando Balda, el técnico charrúa que a punto estuvo de acabar vestido en la ducha. Sus jugadores le contestaron cantando el soy celeste, el cántico más popular de la afición uruguaya. Había ganado Uruguay, por lo tanto, fiesta.
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Posiblemente Uruguay no gane el torneo, pero seguramente nadie otorgue a la victoria tanto significado como ellos le dan. El fútbol hay que sentirlo, si no, ¿de que te vale jugarlo?, dicen. Si el fútbol hablase, estaría agradecido: Gracias Dios por darme a Uruguay.
El Mundialito cerró su primera fase y ya hay semifinales: Nigeria-Ecuador y Cabo Verde-Uruguay. A las otras doce selecciones, el año que viene se las espera.



