La culpa no es del empedrado
Beckham falla por pronunciar el golpeo. Por exagerar la postura como cuando quiere hacer rosca en un tiro franco. Equivoca el concepto. Se desequilibra y se escurre.
Mete mucho el pie izquierdo y lo gira. El pie de apoyo entra excesivamente debajo del balón, forzando el equilibrio del cuerpo y arriesgándose a que éste ceda por exigir demasiado agarre al suelo. Así sucede que la planta se le levanta y gira.
Cruza en exceso la pierna de golpeo. Pretende engañar al portero lanzando mucho la pierna y pie derecho hacia la derecha del portero. Y lo único que consigue es formar una uve con la pierna de apoyo y tropezar consigo mismo. El balón sale sin dirección ni toque porque está mal golpeado.
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El ángulo de la pierna sobre el eje es inapropiado. Coloca la pierna izquierda de apoyo demasiado inclinada, igual que si fuera a meter una rosca desde la banda. Los brazos, por este giro, se le descolocan y le provoca descoordinación.
Vuelca el cuerpo con incontrolada fuerza. Se le va más de medio cuerpo hacia su izquierda, muy lejos de donde estaba el balón situado, lo que provoca que éste salga despedido hacia la derecha, alto y sin dirección. El resbalón no existe. Sí la descoordinación. El empedrado no fue único responsable.



