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Uruguay, el lenguaje del fútbol

A la pelota dividida se va a muerte. Si hoy acabamos con once podemos ganar. Dos minutos: el balón se aguanta o se pincha. 1-0 a Camerún.

<b>ESTIGMAS URUGUAYOS.</b>Uruguay tiene una identidad definida y no la pierde. Se lucha a muerte por cada balón, se festeja cada gol y si hay que dejarse la piel, se deja. La sangre es señal de dignidad.
Javier Hernández
Redactor en el Diario AS desde 1992. Presentador, narrador y comentarista de Turf en TVE durante 16 años (2005-2021). Autor del libro 'Atleti somos nosotros'.
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Uruguay es conocido como el país del fútbol: no hay una nación más pequeña con mayor número de futbolistas. Además, los uruguayos entienden este juego con una dignidad aplastante, reflejada hace años en la frase de uno de sus futbolistas días antes de enfrentarse a Brasil: Uruguay puede volver a casa con una derrota, pero no con una derrota y un ojo morado.

Más o menos así comienza esta historia, en el interior del vestuario cinco minutos antes del partido: A la pelota dividida no se duda, se va a muerte. La seña de identidad la pone el técnico, Fernando Balda, pero también recuerda el riesgo: Tenemos posibilidades de ganar si acabamos con once... no quiero piñas (patadas) porque sí. Dicho esto, los jugadores se hermanan al grito de un, dos, tres: Uruguay, Uruguay, Uruguay.

Ahí comienza el partido para ellos, no cuando pita el árbitro. Es hora de utilizar el lenguaje del fútbol. Se toca, para allá o para acá, pero la pelota no se duerme. Uruguay arranca fuerte y un poco bravo:Jugamos sin piñas, pero le ponemos sangre. La intensidad da su fruto, 1-0 a los 25 minutos y todos a festejar: Está bien celebrarlo, pero pará que esto no acabó.

Camerún no se rinde y hace recular a la defensa uruguaya. Entonces alza la voz el cacique de la defensa, Perdomo: ¡Sacalo, sacalo, sacalo!. Uruguay está formada por varios ex jugadores profesionales. Leonardo jugó en Cerro Porteño, Américo también estuvo en Primera en Uruguay y Rivara y Rotundo (hermano del jugador del Elche) vienen de jugar en la Serie B italiana. Futbolistas de oficio, gladiadores de cancha que tienen claro que si el contrario se viene de costado, se va a por él con todo.

El único pero es que muchos ya no son jóvenes y alguno lo nota. Los cameruneses también están cansados. Arrancan con fuerza pero corren con la cabeza gacha, no me engañan, dice Balda.

A Camerún le entran prisas por empatar y discuten, menudo quilombo tienen, si se pegan entre ellos ¿viste?... un trabajo menos. Pero se acercan una y otra vez: Hay que limpiar fuerte (meter la pierna); paralo, paralo (sirve para detener al rival de cualquier forma); lo bancaste con todo (si la entrada fue tremenda) y que te den una, no más (cuando reciben ellos).

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Llega el minuto 80 y Uruguay no tiene ninguna intención de perder en diez minutos lo que ha ganado en ochenta. Hay que aguantar la pelota o pincharla. A cada minuto una falta y a cada falta tres minutos de pérdida. El árbitro llama la atención al capitán, pero Leonardo ya se las sabe todas: Si hacemos tiempo porque hacemos tiempo, si hablamos porque hablamos: árbitro, ¿qué le gusta?. Intercede un linier: que no perdáis tiempo, y Leo se sobra: Diez años de profesional y ahora sos vos quien sabe de fútbol.

Es posible que otras selecciones puedan jugar mejor al balón, pero ninguna al fútbol.

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