La Quinta de Valdo, una mina de fútbol
Cabo Verde, formada por hijos de mineros, impresionó. Brasil, eliminado.


Nada que ver con Portillo, Pavón, Rubén y Miñambres. La Quinta de Valdo que nos ocupa es la de Amelito, Rui, Brito, Daniel, Prélix y Gilson, la pandilla con la que Valdo creció en su infancia. Todos se criaron en la cuenca minera de El Bierzo (León) y compartían el mismo balón junto a la boca de los pozos donde sus padres se ganaban el pan y perdían la salud. Esta selección de Cabo Verde ha nacido en Bembibre o Ponferrada, son hijos de mineros, tienen de 20 a 22 años, son estudiantes y trabajadores y no quieren saber nada del carbón. De fútbol sí que saben. El año pasado fueron finalistas del Mundialito y en esta edición llevan camino. Ayer a Suecia le hicieron cinco y pudieron ser quince.
"Estamos haciéndolo muy bien, pero nos falta definir y circular más el balón", les dice al descanso Martinho, el entrenador que suple al seleccionador titular, José Blanco, padre de Valdo y que está en Cabo Verde de vacaciones con su hijo.
Martinho no se equivoca. Sus chicos son unos jugones pero pecan de individualistas. Se lo dicen ellos mismos a cada ocasión fallida: "Vale que hay que golear, pero es que queréis marcar gol todos".
Cabo Verde, junto a Ecuador, Rumanía, y Nigeria, forma el paquete de candidatos al título. Pero Cabo Verde tiene algo que no tienen los demás: juventud. Amelito profundiza la banda derecha como nadie en este torneo, Rui es un calco de Vieira (excepcional su golazo del 1-0) y Brito es el 10. Como muchos dieces, Brito es bajito en estatura pero enorme en su fútbol.
Todos dicen que Valdo es un espejo para ellos, y por lo visto ayer se miran bien.
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El 5-2 da ventaja a Cabo Verde para ser líder, pero sólo pasa uno por grupo y Colombia tiene los mismos puntos. El elegido se decidirá por el goalaverage general, intuyéndose una última jornada con duelos a puro gol. Quien ya no puede pasar a semifinales es Brasil. A los brasileños les obligaron a jugar con espinilleras y el jogo bonito se quedó en el vestuario.
Dicen que otro año será. Aquí les esperan el próximo.



