El albañil que probó en el Rayo y el Real Madrid
Anderson también jugó al fútbol-sala con Interviú y Xota

No es lo mismo ser inmigrante tipo A que tipo B, tener papeles que no tenerlos, encontrar facilidades o tener que buscarse la vida. Anderson Bastos Fernández nació hace 21 años en Brasil. Allí jugó al fútbol desde niño, como todos los niños de Brasil. Se formó en el Palmeiras, continuó en el Comercial y saltó a España hace seis años con su fútbol como pasaporte.
Como la mayoría de los brasileños de Madrid, vive en Carabanchel, barrio en el que arranca su aventura en España. Comencé a jugar en un equipo aficionado de Carabanchel. Un día llegó un señor, dueño de un hotel en la Gran Vía, y me dijo que sería mi representante. Me hizo un contrato de seis meses con el Rayo Vallecano, pero nunca me dejaron jugar en el primer equipo. Salí del Rayo y estuve entrenándome una temporada en el Interviú Boomerang, donde jugaba el brasileño Choco. Él me llevó y comenzó a hacer de mi representante, pero luego Choco se fue a jugar a Rusia y me tuve que buscar la vida.
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El segundo revés no rindió a Anderson. Hábil y rápido, le daba lo mismo jugar al fútbol que al fútbol-sala. Unos amiguetes me llevaron a Pamplona, me llevé a mi novia y allí jugué en el Xota, club de Primera. Luego regresé a Madrid y gracias a Gina, un amigo de Roberto Carlos, estuve cuatro meses probando en el Real Madrid B. En el Madrid jugué en amistosos, pero no en partido oficial.
Muchas aventuras pero pocos beneficios. Por eso Anderson se agarró al duro trabajo de albañil. Soy oficial de ladrillo visto y me busco la vida como puedo, pero lo que deseo es jugar al fútbol. Ahora lo tendrá más fácil: tiene papeles, un hijo nacido en España y tramita la nacionalidad. Soy muy bueno, de verdad. El sábado haré un gran partido contra Colombia y espero que me vea alguien y me de una oportunidad.



