Fútbol | II Mundial de la inmigración

"La barra aprieta, ganen por Ecuador"

Los ecuatorianos logran la goleada del torneo (8-1) empujados por 300 hinchas

<b>NO HAY DESCANSO</b>. El técnico Enrique Gracia, de pie, alentó a sus jugadores apelando al orgullo del país.
Javier Hernández
Redactor en el Diario AS desde 1992. Presentador, narrador y comentarista de Turf en TVE durante 16 años (2005-2021). Autor del libro 'Atleti somos nosotros'.
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No nos conformamos, queremos la docena". Así de bien se lo hizo pasar Ecuador a sus 300 seguidores que alborotaban por las gradas del García de la Mata. De algún modo, este torneo pertenece tanto a los futbolistas como a los que no lo son. Es el Mundialito de la Inmigración, y emigrante todos por igual.

A miles de kilómetros de la patria, el sentimiento nacional se hace más uniforme. Ganaba Ecuador 3-0 a Chile cuando llegó el descanso. Un 3-0 ya es una victoria con resonancia, pero hay ocasiones en que todo parece poco. Fue el momento en el que Enrique Gracia, técnico de Ecuador, tiró de bandera para motivar aún más a los suyos. ¿No están jugando un Mundialito? ¿No representan a su país? Eso fue más o menos lo que les vino a decir, pero con estas palabras: "Cuando el volante tiene el balón, hay que dispararse, ¿O.K? La barra apoya, nos aprieta... tenemos que ganar por nosotros y por el país, por Ecuador, ¿entendido? Pues con ese ánimo nos ponemos los zapatos y a ganar".

Dicho esto, a Chile le cayó el cuarto, el quinto, el sexto, el séptimo y el octavo. Y el medio millar de ecuatorianos que estaban en las gradas felices de verdad: "Isa, isa, que siga la palisa".

Ecuador se inscribió con mayúsculas en la carrera por el título. Y no sólo porque este 8-1 llenó los ojos, es que en sus filas cuenta con futbolistas serios: Raúl Nieto, Ramiro Mina, Jorge Álvarez, Tomás Arroyo y José Oleas han jugado en Primera División en su país.

La gloria de ayer, sin embargo, se quedó en el sueño de anoche. Hoy es lunes y todos a trabajar. Uno de ellos puede ser quien le despache hoy en el mercado, le atienda en un locutorio o se le cruce en moto con el casco puesto recorriendo Madrid para llevarle a tiempo un mensaje.

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"Chi-chi, le-le-le, viva Chilé, oé", un ritual

Chile ya encajó en la edición anterior la mayor goleada del torneo (11-0) ante Colombia y también en su primer partido. Lo de ayer, el 8-1, fue un calco. Pero Chile se ha sabido ganar a la gente que acude a sus partidos. Bromean con el contrario antes de saltar al campo, charlan con todo el que se les cruza y llaman la atención con su grito de guerra: "Chi-chi, le-le-le, viva Chilé, oé". Lo cantan en el vestuario segundos antes de salir, una segunda vez haciendo piña sobre el césped y lo repiten en el descanso. Aunque pierdan 3-0, como ayer.

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