"El balón no pide el DNI a quien le golpea"
Jorge Mendonça creó e impulsó hace un año el Mundialito de la Inmigración. Angoleño, ciudadano universal por sus vivencias por el mundo, mito del Atlético y único en la historia en salir a hombros del Metropolitano, licenciado en Medicina, inventor del Fútbol 7, diplomático de la Embajada de Angola. Fútbol y humanidad que regresan con el II Mundialito.


Hace un año creó el Mundialito de la Inmigración y mañana nos trae la segunda edición, con más países, con mejores jugadores...
El Mundialito ya es imparable. Hemos ampliado el torneo de 12 a 16 participantes, entre ellos Brasil, y hay una lista de espera con Argentina, Paraguay, Italia y alguno más.
Toda obra obedece a una idea. ¿Cómo se le ocurrió?
Aquí en Madrid. Yo tenía mi propio equipo, el Cosmofoot, el primero compuesto únicamente por jugadores extranjeros, todos africanos. Jugábamos en Tercera Regional. Como funcionaba y yo era conocido, muchos inmigrantes vinieron a pedirme ayuda para poder jugar. Le tomé cariño al asunto y entonces me dediqué a organizar eventos deportivos para ellos, y así hasta que un día me di cuenta que ya organizaba casi un Mundial.
Y se lanzó a hacerlo oficial.
Propuse la idea al embajador de Angola y le gustó, y además encontré respaldo desinteresado de mis amigos, gente de prestigio como Agustín Domíguez, la Federación Madrileña...
¿Cuál es el objetivo?
El de la integración social. El fútbol es el mejor vehículo conductor de la sociedad. El fútbol no tiene razas ni colores y es un deporte agradecido y universal, porque el balón no le pide el DNI ni le pregunta de qué nacionalidad es quien le golpea. Blancos y negros son compañeros, naturales de un país o inmigrantes. Es bonito.
¿De dónde saca esa inquietud creativa?
Siempre la tuve. En 1982 cree Cosmofoot, la primera escuela de fútbol en España, y luego el primer campus internacional. Todo eso en Mallorca. Allí además, inventé el Fútbol 7, en 1984, una modalidad que España ha expandido por el mundo. Tengo la propiedad intelectual del Fútbol 7, con el certificado del registro y del Ministerio de Educación como obra literaria. Por eso me encanta ver torneos como el de Brunete, y ver en ellos a niños de color, como este año.
Para un extranjero que lleva 43 años en España, ¿es éste un país abierto o aún reservado?
España tiene una apertura social muy importante. Lo que pasa es que el boom de la inmigración ha sido más tardío que en otros países y le ha llegado de golpe. A España le quedan menos de 15 años para ser como Francia o Inglaterra.
Dice Jacques Santini, seleccionador de Francia, que a la Selección española le falta ser multirracial para dar el salto de calidad.
Y lleva razón, en Francia, Inglaterra y Holanda el porcentaje de jugadores de hijos de inmigrantes es enorme. Y les funciona bien, ahí están Henry, Zidane, etc... La inmigración enriquece.
¿Qué aporta el jugador de color que no tiene el blanco?
Fantasía, además de velocidad, fuerza e imaginación.
Ver a estos chavales en el Mundialito, ¿le recuerda sus inicios?
Lo tuve un poco más fácil, porque cuando salí de Angola en el Sporting de Portugal ya jugaban mis hermanos mayores, Juan y Fernando. Incluso llegamos a jugar una temporada los tres juntos en el Sporting de Braga. Los hermanos Mendonça nos llamaban.
¿Mendonça o Mendoza, como prefiere que le llamen?
Me da igual, pero Mendoza sólo me lo dicen en España, y Angola cuando me gastan bromas.
¿Recuerda cómo le acogió España?
Muy bien, pero cuando yo llegué apenas éramos tres o cuatro morenitos en la Liga. Era otra época y la gente giraba la cabeza al pasar y decía ¡mira, un negrito! Recuerdo que cuando nos veíamos por la calle, los negros nos saludábamos sin conocernos y nos preguntábamos: y tú ¿de dónde eres?
Sin embargo, usted tiene el honor de ser el único en salir a hombros del Metropolitano.
Fue en la Recopa de 1965, contra el Dinamo de Zagreb. Marqué tres goles, el último muy bello. Y sí, fue emocionante. Es el ejemplo más claro de que la gente ama el deporte sin tener en cuenta la nacionalidad del jugador.
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Si España le debiese un deseo, ¿qué pediría?
Que alguno de los que juegan el Mundialito salga un día a hombros.



