El blues de Riazor
El Deportivo salvó el mancillado honor patrio y entró en la historia de la manera más contundente. Con un fútbol de regla y cartabón, con una pegada galáctica frente a un Milán reducido a la mínima expresión. ¡Berlusconi, dimisión! Este presidente de tantas cosas no lo será de la Séptima. Ya no presumirá de tácticas. Como le pasó al Madrid en Mónaco, el destino le aguardaba una tortuosa noche en Riazor, donde el blues fue lo que sonó para bailar al vigente campeón continental.
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Ya lo habían avanzado protagonistas del equipo gallego. Se intuía algo grande en la Champions. Pero el 4-1 de San Siro los convirtió en ilusos, que ahora, en cambio, ya miran en el mapa donde está Gelserkirchen previo paso por la cercana Oporto.
Esta edición de la Liga de Campeones ha recuperado el sabor de lo imprevisible. Acortada en una liguilla, los poderosos se han visto desnudados por un sistema de competición a todo o nada por el cual se comprende por qué el Madrid estuvo décadas sin una Champions en color o por qué el Barça sólo la logró con fase de grupos y tras un gol salvador previo de Bakero en Kaiserslautern.



