16 años entre el cielo y el infierno
Desde que Gil apareciera por Jácara con Futre bajo el brazo hasta el anuncio de su marcha, el Atlético de Madrid ha vivido entre éxitos históricos y fracasos estruendosos.

Apareció Jesús Gil por la ya desaparecida discoteca Jácara con Paulo Futre bajo el brazo y en ese momento se supo que sería el futuro presidente del Atlético de Madrid, el club al que se había acercado en una pretemporada que el equipo pasó en Los Ángeles de San Rafael, su feudo natural antes de que Marbella apareciera en el horizonte político.
Era el Gil de entonces, mucho más que el de ahora, el vehemente mandamás, el por aquí no pasan que irrumpió en el fútbol ante la sorpresa de todos. Se impuso en los comicios del viernes y el sábado ya estaba en el palco de la Romareda para presidir la final de la Copa del Rey frente a la Real Sociedad de Toshack. Fue el primer grito contra el poder, después de perder en los penaltis tras una pena máxima no pitada por Ramos Marcos a Julio Prieto cuando el resultado estaba con empate a dos.
La revolución llegó ese verano, cuando Gil comenzó a enumerar proyectos con su particular lenguaje del "chau-chau", el "tal y tal" y las "mujeres ostentóreas". El inicial fue el de Menotti en el banco, con Julio Salinas, Eusebio, López Ufarte, Parra, Goicoechea y Marcos Alonso. No ganó nada ese equipo (bueno, un 0-4 en el Bernabéu al Madrid), salvo sentar las premisas de bronca, urgencias, éxitos y fracasos mezclados que han presidido los 16 de años de Gil al frente del por entonces tercer equipo de España.
Cantera y entrenadores
A partir de ahí, después de cargarse la cantera y permitir que Raúl se marchara al Real Madrid, se sucedieron los famosísimos proyectos, que se dejaron de contar cae ya tiempo. El banquillo rojiblanco ha sido el más visitado en los finales del siglo XX y principios del XXI. Menotti, Ufarte, Briones (tres veces), Maguregui, Atkinson, Addison, Clemente, Peiró, Romero, Ivic, Pastoriza, Basile, Ovejero, Heredia, Jair Pereira, Emilio Cruz, Maturana, D'Alessandro, Antic, Sacchi, Ranieri, Carlos Aguiar, Zambrano, Marcos, Carlos Cantarero, Luis y el que venga ahora son las muescas en el revólver de Gil.
Ilusiones y fiascos
Proyectos que dejaron multitud de jugadores en el campo y en los juzgados. Cada uno se traía a los suyos y muchos grabaron inmejorables huellas (Futre, Schuster, Simeone, Caminero, Kiko, Pantic, Vieri, Juninho, Hasselbaink, Fernando Torres...) mientras otros abundaron en la teoría del despeñamiento y amargura de la siempre sufrida afición rojiblanca (Zamora, Pizo, Bustingorri, Losada, Rodax, Valencia, Moacir, Maguy, Torrissi, Serena, Jugovic, Toni Jiménez, Fagiani, Venturin, Pilipauskas...)
Cielo e infierno
Entre todos, pero siempre con Gil al mando, construyeron un Atlético de excesos, en lo bueno y en lo malo. Los proyectos se acumulaban hasta ganar dos Copas del Rey (1991 frente al Mallorca y 1992 frente al Real Madrid ambas en el Bernabéu) o se derrumbaban en la mitad de la tabla con la UEFA como máximo objetivo. Todo hasta la temporada 1995-96, con Antic en el banquillo y una alineación inolvidable: Molina; Geli, Santi, Solozábal, Toni; Caminero, Vizcaíno, Pantic, Simeone; Kiko y Penev. El equipo del doblete histórico, del Madrid entero rojiblanco. El club con el que Gil subió al cielo tras inventarse Neptuno para contrarrestar a la Cibeles.
Noticias relacionadas
Un viaje de ida y vuelta. En apenas dos años se esfumó la estela de los títulos, se entró en la vía italiana y, lo que es mucho peor, se intensificó la vía judicial, aquella con la que se hizo millonario el abogado Pérez Espinosa en la primera época de presidencia. El club se fue derrumbando poco a poco, se perdieron dos finales de Copa, se desposeyó a Gil del club, apareció Rubí por las oficinas y todo se vino abajo. Dos años en el infierno de Segunda, uno más de lo pensado. Una travesía del desierto resuelta con el enésimo regreso de Luis Aragonés y con la aparición del futuro, de Fernando Torres.
"Ya estamos aquí", decía el Mono Burgos en el arranque de la temporada que debía ser fiesta para los rojiblancos. El año del regreso a Primera, la cita del centenario... En apenas un mes, todo está ya olvidado, Luis ha anunciado su marcha, el vestuario huele a pólvora y Gil se va. No quiere más infiernos.



