Tévez es el nuevo Riquelme de Boca
Utiliza unas botas y una camiseta que le regaló Juan Román, su ídolo

En Argentina los reyes no llevan corona. Les delata una pelota cosida al pie y la remera número 10 de Boca. Su monarquía futbolística se abastece en los arrabales. Ocurrió con Maradona, llegado de Villa Fiorito.
Y con Riquelme, surgido de Don Torcuato. Ahora es el turno de Tévez, un pibe criado en Fuerte Apache, donde no entra ni la Policía. Tévez es el discípulo y sucesor de Juan Román, quien después de un entrenamiento de Boca le regaló sus botas del número 43 y una camiseta en el vestuario de Casa Amarilla. Desde aquel día, Tévez juega siempre con las botas y con la camiseta de Riquelme.
Pero este chico suma a sus cualidades técnicas unos ascendentes incontestables para convertirse en crack. De nombre Carlos (como Gardel), comenzó en los infantiles de Villa Real (donde empezó Carlos Bianchi), y debutó en Primera perdiendo por la mínima ante Talleres horas después de cumplirse las bodas de plata del estreno de Maradona ante el Talleres con idéntico resultado. Demasiadas casualidades para ser casualidad.
Tévez, el mayor de cinco hermanos, abandonó un día Fuerte Apache y se montó en un avión para marcar un gol de chilena en el mítico Wembley con la albiceleste. Contaba 16 años y tras hacerlo confesó: "¿Wembley? Lo que me impresionó fue el viaje de 15 horas en avión".
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Un descarado cuyo regate recuerda a Rojitas, la cintura más famosa del fútbol argentino de los 70. Pero es su apariencia endeble la que alienta el sueño de los pibes. "Sólo hay que desearlo con muchas ganas", afirma.
En Argentina, a veces, los cuentos acaban bien. Al menos, el de Carlos Tévez sí. Y antes el de Román y el de Diego. Y todos esos cuentos comienzan igual: Érase un pibe que pateaba una pelota en un baldío...



