Mundial 2002 | Brasil, "Penta"

La fiesta brasileña terminó en Río

Los jugadores, debido al cansancio, no pudieron llegar a Sao Paulo.

<b>"PENTAFIESTA".</b> El autobús de los jugadores de brasil, escoltado por la policía por las calles de Río d Janeiro.
Agencia de Noticias
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Unas sesenta horas después de haber salido de Japón, la selección brasileña de fútbol dio por terminada hoy su fiesta en Río de Janeiro y se fue a dormir, cuando todavía cientos de miles de personas esperaban ver a los "héroes del penta".

"Señores, hace sesenta horas que salimos de Japón y ustedes deben comprender que tengo que llevar a esta gente a dormir", dijo desde lo alto de un enorme camión el técnico Luiz Felipe Scolari a las puertas del edificio Argentina, sede en Río de Janeiro del consulado de ese país, que encarna el mayor rival de Brasil en el fútbol.

Un día de fiesta

Eran casi las dos de la mañana de hoy y la fiesta había comenzado en 16 horas antes en Brasilia, donde, tras 24 horas de vuelo desde Tokio, la selección campeona del mundo había sido recibida por una entusiasta multitud que la policía calculó en 500.000 personas.

Cuando Scolari dio por terminado el festejo, unas 50.000 almas se agolpaban a las puertas del edificio Argentina, en el barrio carioca de Botafogo, donde el camión que llevaba a los trece de los 23 jugadores que aún no habían tirado la toalla fue detenido por la masa de gente.

Al grito de "pentacampeón", la multitud lanzó a todo pulmón unos cánticos contra Argentina, que los jugadores acompañaron con el poco aire que les restaba y con Roberto Carlos sosteniendo lo más alto que podía la Copa del Mundo que el capitán Cafú había recibido en Japón tras la victoria por 2-0 frente a Alemania.

El recorrido que acabó en Botafogo tenía previsto continuar unos diez kilómetros más y acabar en la emblemática playa de Copacabana, donde miles y miles de "torcedores" se quedaron esperando, ya medio dormidos, el paso de los jugadores.

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Los jugadores, al límite

También se quedaron con ganas de saludar a sus ídolos los hinchas de Sao Paulo, que esperaron todo el día en vano. Cerca de las dos de la mañana, las autoridades de la ciudad, que aguardaron horas por los jugadores, decidieron ir a dormir, una vez que fueron informados de que los jugadores habían llegado "al límite".

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