Liga de Campeones | Final de Glasgow

Hampden Park, el "rugido escocés"

Gento y Di Stéfano ya dejaron allí su huella en el ´60.

Agencia de Noticias
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El Hampden Park de Glasgow, escenario de la final de la Liga de Campeones que disputarán el próximo 15 de mayo el Real Madrid y el Bayer Leverkusen, es el estadio nacional escocés. Un escenario adecuado para aumentar el clamor de las aficiones. El "Hampden roar", el famoso rugido de la afición escocesa en los partidos de la "Tartan Army", se ve favorecido por la disposición de sus gradas y por el viento racheado que amplifica los cánticos de los hinchas.

Los seguidores madridistas se encontrarán en Glasgow con un estadio con capacidad para 52.000 espectadores, aunque todavía no se ha decidido si estarán en la zona este o en la oeste ni el número de localidades de las que dispondrán.

El objetivo del director del Hampden Park, David Kells, pasa por "camuflar" la presencia policial en el estadio "para que la imagen que se ofrezca sea la de un evento deportivo". Kells ha confirmado que no se aplicará una "ley seca" en Glasgow con motivo de la disputa de la final y que únicamente se mantendrá la restricción habitual que impide el consumo de alcohol en la calle. Por el contrario, la dirección del estadio todavía no ha decidido si el 15 de mayo mantendrá la prohibición actual de fumar en algunas zonas del recinto.

Los aficionados del Real Madrid que se desplacen a Escocia podrán alojarse en Glasgow o en su área metropolitana, donde las autoridades locales esperan dar cabida a todos los seguidores de la final, aunque se mantiene la puerta abierta en caso de que se colapsen las plazas hoteleras a la cercana Edimburgo, a menos de una hora en automóvil.

Estadio son solera

La experiencia de Hampden Park en acoger grandes acontecimientos pasa en la actualidad por las semifinales de la Copa y la final de la misma, así como la de la Copa de la Liga. El estadio donde se decidirá el título de la Liga de Campeones es escenario también de los partidos de la selección escocesa de fútbol, de los que disputa el equipo de fútbol americano Scottish Claymores y de conciertos musicales.

La construcción de Hampden Park data de principios del siglo pasado, cuando albergaba los encuentros del Queen's Park Rangers, equipo que mantiene como inquilino, pese a su condición de aficionado. Recibe su nombre del parlamentario inglés John Hampden, que falleció en la batalla de Chalgrove Field, en 1645, durante la Guerra Civil.

En 1990, se reconstruyó el lateral y el ala oeste. Seis años más tarde fue el turno a la zona sur y este. Todas estas obras concluyeron en 1999. El estadio alberga un museo del fútbol, donde los aficionados podrán contemplar, entre otras curiosidades, el balón con el que se disputó el primer encuentro en Hampden Park, que enfrentó en 1903 al Queen's Park y al Celtic.

Los responsables del escenario de la final trabajan también en previsión de la llegada masiva de informadores y, para ello, han habilitado una zona en el nivel 5 del campo. Kells ha explicado también que se habilitará un 'village' en la zona exterior del estadio y que la zona VIP está preparada para albergar a unas 3.000 personas. Los invitados de la UEFA podrán disfrutar además, de un restaurante próximo a sus localidades que recibe el nombre de 'Millenium Suite'.

Moderno y sin miedo a la lluvia

Por lo que respecta a los protagonistas del duelo, los jugadores, se encontrarán con un vestuario que incluye un área de calentamiento en el que podrán ejercitarse sobre una superficie de césped artificial de amplias dimensiones. La plantilla del Real Madrid dispondrá de 38 taquillas, una sala destinada a indicaciones tácticas, otra a masajes y diez duchas.

Los aficionados preocupados por la climatología sólo deberán hacerlo por lo que respecta a la temperatura, ya que todas las gradas cuentan con una visera que las refugia de la lluvia.

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Hampden Park tiene además experiencia en albergar finales del máximo cetro continental, tras haberlo hecho en 1960 y 1976. Los seguidores madridistas podrán rememorar el título conquistado por su equipo sobre ese mismo escenario el 18 de mayo de 1960, al imponerse al Eintracht Fráncfort alemán con cuatro goles de Puskas y tres de Di Stéfano.

El estadio, antes de la remodelación que redujo notablemente su capacidad, acogió en aquella cita a 135.000 espectadores, mientras que, el 12 de mayo de 1976, sólo 54.800 aficionados vieron al Bayern de Munich proclamarse campeón de Europa ante el Saint Etienne, al que venció con un solitario gol de Roth.

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