Graves incidentes en Zaragoza y Tenerife
Las derrotas del Zaragoza ante el Celta y del Tenerife contra el Valladolid han desatado las iras de los aficionados zaragozanos y tinerfeños. En Tenerife, varios seguidores rompieron las lunas del coche en el que Lussenhoff y Marioni trataban de abandonar el estadio.

En Tenerife varios seguidores destrozaron los cristales del coche en el que Lussenhoff y Marioni intentaban abandonar el estadio Heliodoro Rodríguez López. Los dos futbolistas se bajaron del vehículo y se encararon con varios aficionados, lo que hizo necesaria la intervención de las fuerzas de seguridad.
Mientras, en Zaragoza, entre cuatro y cinco mil personas - según fuentes policiales -, aguardaban en el exterior de La Romareda, una vez concluido el encuentro, a los jugadores zaragozistas para manifestarles su indignación por la situación deportiva de la entidad.
Los futbolistas del Zaragoza abandonaron las instalaciones de La Romareda a las once de la noche en un autobús, que se dirigió al hotel de concentración del equipo, donde los jugadores tenían estacionados sus vehículos. Sólo algunos futbolistas, entre ellos Milosevic, Bilic o Galletti, abandonaron el estadio en sus coches particulares.
Los seguidores profirieron insultos y gritos como "no merecéis esta camiseta, hijos de Soláns" y "qué vergüenza da", "jugadores mercenarios" durante los instantes siguientes a la terminación del choque.
Paradójicamente, el 'triunfador' de la tarde fue el técnico rival, Víctor Fernández. El entrenador del Celta, quien dio al Zaragoza una Copa del Rey y una Recopa, fue despedido entre aplausos cuando montaba en el autobús del Celta y con un mensaje claro, "Víctor vuelve ya".
Intento de invasión
Los jugadores permanecieron en el interior del vestuario, donde recibieron la visita del presidente, a excepción del meta César Láinez, quien abandonó el estadio por la puerta de jugadores y fue aplaudido por los seguidores. Los incidentes se desencadenaron a cinco minutos de la conclusión del encuentro, cuando los aficionados más radicales, ubicados detrás de las porterías, trataron de invadir el terreno de juego.
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La seguridad privada del Estadio se vio rápidamente desbordada y fue precisa la intervención de los miembros policiales destacados en el campo para detener la avalancha.
Los medios de comunicación también fueron blanco de las iras zaragocistas. Una unidad móvil de Antena Aragón fue objeto de las iras de algunos, hasta tal punto que varios informadores de este medio debieron salir protegidos por los miembros de seguridad privada del estadio. Algunos seguidores también culparon a la prensa de la situación del equipo.



