Liga de Campeones | Manchester U. 2 - B. Leverkusen 2

Más alemanes

El Leverkusen empató ante el Manchester en Old Trafford. Se perfila otra final hispano-germana en Glasgow.

<B>BALLACK SILENCIÓ OLD TRAFFORD.</B> Un certero remate llegando desde atrás en el minuto 62 empató el encuentro y acalló a la animosa afición del Manchester United.
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Dos equipos y dos estilos de juego. Por un lado el fútbol industrial del Manchester United de Van Nistelrooy, La Brujita Verón y compañía (ayer menos sin Beckham y con Keane a medias). Al otro, el fútbol artesanal y elaborado del Bayer Leverkusen que entrena el maniático Klaus Toppmöller. Nada es casual en un juego postulado desde las premisas del buen trato de balón y una desenfadada actitud ofensiva, y que presenta un esquema que sobredimensiona las virtudes de su plantilla.

Gane o pierda, el Leverkusen da la sensación de tener controlado el partido. En la zaga Lucio siempre da el primer pase de la jugada, aunque por el camino a la portería rival suele dar alguno más, liberado en las cuestiones defensivas por Novotny, el especialista defensivo del equipo, y por el mediocentro Ramelow, un Makelele pero en albino. En las bandas suelen actuar Placente, de gran recorrido y delicado toque en el centro, y Sebesten. Pero ayer sacrificó al alemán sacando a un central, Zivkovic, para tapar al inspirado Giggs. El galés se aburrió de las atenciones de su marcador y acabó intercambiando la banda con Verón, que en le trayecto prefirió promocionar las subidas de Silvestre y establecer su centro de trabajo en los tres cuartos de campo. Sólo entonces el Bayer prestó el balón a los diablos rojos. Ballack, el imperial centrocampista que ilumina el juego ofensivo desde su atalaya (190 centímetros) en el centro del campo, se encontró entonces con tres hombres enfrente (Butt, Scholes y La Brujita) .

Lucio. Con Novotny pendiente de Van Nistelrooy y con Lucio a lo suyo (sacar la pelota jugada y realizar las coberturas) Solskjaer se creó un hábitat en las inmediaciones del área que complicó la vida al Leverkusen. El asesino con cara de niño se instaló en tierra de nadie, ni en las dependencias de Ballack ni en las de los centrales, y desde allí sacó disparos inquietantes. Avisos ambos del gol inglés que contó con la ayuda inestimable del desubicado Berbatov. Hasta en el tanto encajado tuvo una importancia capital el Bayer.

En la reanudación Ballack ganó presencia en la creación con lo que Schneider (nuevo internacional alemán, que uno no sabe si es un piropo o un insulto en estos días por la mala marcha de la selección) y Zé Roberto ensancharon Old Trafford. Bastürk avisó de la inminencia del gol con dos disparos blandos e inofensivos. El tanto fue un reflejo de lo que es el Bayer. Schneider levantó la cabeza y la puso atrás, de memoria, donde apareció Ballack para marcar. Para entonces Placente había inclinado el ‘Teatro de los Sueños’ hacia la izquierda del ataque alemán.

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Pero si el Leverkusen vive de sensaciones, el United vive de impulsos. Y en uno de ellos Van Nistelrooy encaró a Zé Roberto, mal socio a la hora de defender, y le sacó un penalti innecesario. El ariete atornilló el balón a la cepa del palo y adelantó a los diablos. Pero el Bayer, como si de la Colombia de Maturana se tratara, siguió a lo suyo. Tic-tac-tic-tac hasta que el ex tinerfeñista Neuville, para si lo quisiera Clemente ahora, enganchó un balón suelto dentro del área de Barthez y logró el empate. Dos goles en Old Trafford no le debieron parecer buena renta a Toppmöller, que retiró a Bastürk apostando por el talentoso croata Vranjers.

Al final, empate que acerca Leverkusen a Glasgow. Justo donde Topmöller quería hace seis meses: "Quiero ir a la final de Glasgow, ante el Real Madrid en el año de su Centenario". Porque en el fútbol, como en el Leverkusen, nada es casual. Veremos.

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