Estocada de muerte
Zidane y Macca asestaron un golpe decisivo al Barça/ Juego defensivo del Madrid que tuvo más pegada.

El dragón tenía muchas cabezas. Cuando parecía que estaba herido de muerte, cuando la sangre derramada aventuraba que iban a aparecer las rosas, se revolvió y, con dos zarpazos, salió indemne de una batalla que se antojaba perdida. El Madrid se cargó en la media hora final del choque un largo historial de decepciones en el Camp Nou y dio la vuelta a la leyenda que se celebra cada 23 de abril en el día de Sant Jordi. En la víspera se apostaba en la Ciudad Condal por un Barça a lomos de un caballo blanco que, representado al héroe de leyenda, lanceaba primero al dragón para luego, con el pie a tierra, asestarle el espadazo definitivo. No puedo ser. Y no porque el rival no diera facilidades para ello con un planteamiento excesivamente conservador. Pero el fútbol, a diferencia de las leyendas de princesa con final feliz, es de los que saben rematar al rival en los momentos precisos. Zidane y Macca, con dos sutilezas en la segunda parte, sacaron el billete para Glasgow.
Se dio cuenta rápidamente el Barça de que el contrario sacaba bandera blanca. Aprovechó los diez metros que le regalaban y acogotó a un desconocido Madrid. La broma llegó muy lejos porque, pese a defender con cinco en linea, Overmars, Kluivert y Luis Enrique entraban como Pedro por su casa. La habitual falta de puntería de Kluivert en el minuto siete y la madera en el doce, tras un cabezazo de Luis Enrique, evitaron un castigo para el planteamiento prudente de Del Bosque. El problema no era sólo que se defendía con muchos, el problema estaba también en el centro del campo. Motta se incorporaba a esa zona y daba superioridad a los azulgranas. Hasta el punto de que el Madrid era incapaz de dar dos pases seguidos y, además, siempre estaba en inferioridad numérica en los rechaces. No veía ni uno.
Roberto Carlos. Pese a todo, pudo marcar Raúl en el minuto trece, tras recibir un gran pase de Solari. Fue el único destello de verdadero peligro en ataque del Madrid. Parecía como si todos se hubieran arrugado. Roberto Carlos se resistía a su suerte y lo intentaba por una banda mal defendida por Reiziger. Suyas fueron tres internadas con sentido que fueron mal culminadas con centros al limbo. Muy poco para asustar al Barça. Por fortuna para los blancos, Luis Enrique, con una entrada fea, cambió el signo del partido, dejando el fútbol brillante y efectivo a un lado para apelar a la casta y el atropellamiento. Ahí si empezó a sentirse cómodo el Madrid, así sí se justificaba en parte tanta precaución. Hasta el final del primer período, muy poco en cuanto a ocasiones. Casi llevaba más peligro Solari y Roberto Carlos por la izquierda que toda la artillería puesta en el campo por Rexach. El dragón estaba herido pero no muerto.
Aparece Zidane. Los culés se frotaban las manos tras el descanso y los madridistas no acababan de entender que el equipo siguiera agazapado atrás. La alegría para unos y la angustia para otros duró diez minutos. Un gran pase de Raúl rompió el fuera de juego que intentaba tirar Abelardo y dejó solito a un desaparecido Zidane. El francés, muy mermado físicamente, llegó con las fuerzas justas al área para levantarle la pelota a Bonano. ¿Era un simple coletazo o la consolidación de un planteamiento discutible? Fue lo segundo.
El gol hizo que el Barça enloqueciera. Se olvidó de jugar con sentido, salvo cuando entregaba la pelota a Overmars, se olvidó también de defender y pasó de Saviola y de Kluivert. Demasiado desbarajuste para un Madrid que no estaba dispuesto a entregar un palmo de terreno. Tan tocado estaba el Barça que Guti pudo sentenciar cuatro minutos después, en el catorce,si no mete la pierna blandita en un centro perfecto de Roberto Carlos. Un minuto después gastó Saviola el último cartucho en un disparo que atajó un segurísimo César. Ya se veía que si llegaban más goles serían en la puerta de Bonano. Rexach, y es loable, decidió suicidarse antes que pensar en el resultado, justo lo que no ha hecho en el resto de la temporada. Jugando con dos defensas, estaba expuesto a nuevos golpes del contrario. En dos minutos, los que van del treinta y dos al treinta y cuatro, Solari y Guti marraron tantos cantados, ocasiones que era más complicado echarlas a las manos del portero que colocarlas en la red. Eso hizo que más de uno recordara el partido de hace un mes en Liga, que el decepcionado socio culé pensara por un momento en un final menos dramático.
El ataque de prudencia de Del Bosque, con el paso de los minutos, se convertía en un acierto pleno. Era lo de la ida de cuartos en Múnich, pero al revés. Entre otras cosas porque salvo Luis Enrique, el Barça carecía de casta y genio para una remontada final. Todos parecían resignados a su suerte pero, el aspecto físico también pasó factura en los diez últimos minutos. Estaba más castigado el que más había atacado. Macca, acababa de entrar de refresco y pudo marcar si no le traba Overmars en el treinta y nueve.En el tiempo añadido tuvo una segunda oportunidad. Como queriendo imitar a Zidane, levantó suavemente la pelota ante la desesperada salida de Bonano. Gran gol y pitido final. El dragón asomaba finalmente con dos cabezas y curaba muchas heridas. Glasgow espera.
Noticias relacionadas
El detalle: Desde Floro no ganaban
Cuatro días antes de perder una Liga en Tenerife, el Madrid ganaba por última vez en el Camp Nou. Fue en una eliminatoria de Copa del Rey, el 16 de junio del 93. 1-2 al final del partido con goles de Michel y Zamorano.




