Primera | Valencia 1 - Deportivo 0

Valencia la toca

Los valencianistas acarician el título de Liga después de su merecida victoria ante un Depor avasallado por el ambiente

<B>POLÉMICA.</B> Aimar reclamó penalti por esta entrada de Naybet. El argentino estaba deseando caerse y el marroquí le ayudó.
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El Valencia ya tiene todo lo que quería: líder, un punto sobre el Madrid, tres partidos para el final, dos en casa. Cuando acabó el choque contra el Depor todo el valencianismo se sintió campeón. Hay suspiros que delatan. Y visto lo de ayer, merecidísimo, que quede claro, hay mil razones para creer en este equipo sin mucha pegada pero con un fútbol de absoluta generosidad. Y comprometido, con una misión.

Se podrá acusar a Benítez de amarrategui (prudente, dirán otros), que si los delanteros, que si los goles, pero todo esto se empequeñece ante el que es su gran mérito: mantener y reforzar el espíritu de un conjunto que lleva varios años creándonse su propia personalidad. Cualquier otro entrenador hubiera renegado de lo anterior para dejar su propia huella.

El equipo, esa es la clave del Valencia. El equipo entendido en su sentido más puro: once tíos jugando a lo mismo, que corren lo mismo, que son casi igual de buenos. Y con cuatro jugadores (Carboni, Kily, Albelda y Ayala) que representan la testosterona, la raza, el alma; también la leña, sí, cuando hace falta (y cuando no). Ellos son algo así como el Rat Pack de Frank Sinatra: deliciosos pendencieros.

En lo que se refiere al partido, hay que decir que el Valencia aceptó su destino y salió a comerse al Deportivo. Lo hizo con todo el entusiasmo posible, en un ambiente de final de la Copa del Rey, tenso, intenso, maravilloso. El Deportivo no se encogió, es verdad, pero a los nueve minutos ya le habían hecho dos ocasiones de gol. Primero Albelda: alto; luego Angulo: picuda.

El Valencia atacaba como en la Batalla de Midway, por oleadas, una y otra, cabezón, harto de robar balones en el centro del campo a punta de bayoneta. Cuánto echó en falta el Depor a Mauro Silva. Sin embargo, incluso en el peor de los asedios la víctima sabe que tendrá sus oportunidades. Y las tuvo. Víctor, inmenso, mandó un centro de oro a Makaay que dejó al holandés solo ante Cañizares. Pero Makaay (ay, Tristán) disparó como una novicia.

El partido era irreprochable, pero el Depor se desangraba en el medio del campo. Duscher era el único que se presentó con casco porque Valerón y Fran lo hicieron con el tutú.

La primera parte (0-0) la ganó el Madrid, pero en la segunda volvió el asedio. Baraja se marcó una chilena rivaldesca que se estrelló en el larguero. Kily voleó sin fuerza a las manos de Molina. El partido abrasaba. Fue entonces cuando pasó el tren del Deportivo. Víctor, otra vez él, centró al segundo palo y Makaay (otra vez él) cabeceó desde el área pequeña a las manos de Cañizares. Adiós Depor.

Porque el gol del Valencia llegó por agotamiento del enemigo, en una falta lanzada por Aimar al mogollón y que remató Duscher en propia puerta cuando intentaba despejar. El equipo de Irureta no supo reaccionar, a lo que contribuyó también el entrenador al retirar del campo a Víctor. Con el rival groggy, el Valencia no se encerró y siguió atacando, viéndose campeón, hizo algunos cambios y nada cambió, porque son todos iguales, igual de buenos, un equipo.

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El detalle: C. Torres y Duscher bajas

Curro Torres, que vio la quinta amarilla, se perderá el próximo partido, que jugarán los valencianistas en Barcelona ante el Espanyol. En el Deportivo de La Coruña será baja por el mismo motivo el argentino Duscher, que también fue amonestado por Mejuto.

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