Ferrero vuela hacia Roland Garros
El valenciano ganó el Torneo de Montecarlo al vencer en la final a Carlos Moyá. La Armada vuelve a lucirse a poco más de un mes de su gran cita.

Ferrero regresa a su hora, cuando Roland Garros está a la vuelta de la esquina (27 de mayo), justo como el pasado año. No le han retrasado las lesiones, ni tampoco el cansancio de una temporada 2001 que le tuvo hasta diciembre al pie del cañón (semis del Masters de Sydney). Es reconfortante comprobar que él no falla, que siempre está ahí, que cuando le ves jugar no sientes miedo y puedes toser porque no se desconcentra.
Ferrero ganó ayer el Torneo de Montecarlo (y 400.000 euros), tercer Masters Series de la temporada (categoría inmediatamente inferior a los Grand Slam). Y lo hizo frente a Carlos Moyá, que también ha emprendido un camino de regreso, aunque más largo, casi dos años.
Ferrero venció sobrado, con esa superioridad que exhibe cuando está pletórico y juega de puntillas. Pero en favor de Moyá hay que decir que ha sufrido problemas físicos durante todo el torneo, que ha estado discretito tirando a desastroso con la volea y que ha tenido que abusar de las dejadas como forma de romper el juego del rival y de paso no seguir corriendo él. Y lo que tiene más valor es que todas estas argucias no sólo le han dado para sobrevivir sino para meterse en la final, derrotando, entre otros, a Marat Safin, que está que asusta.
Desde que en 1999 Carlos Moyá alcanzó el primer puesto del ránking mundial todo han sido problemas en forma de lesiones. Pero pese al arsenal de La Armada siempre se le ha considerado el más genial y completo de los tenistas españoles. Sin la infinita consistencia de Ferrero, sin la elegancia de Corretja, es cierto. Pero capaz de inventar. Por eso hay celebrar que haya vuelto. De momento, ya ha ganado un torneo este año (Acapulco) y acaba de inscribir su nombre en la lista de favoritos a Roland Garros, donde fue campeón en 1998.
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Pero volvamos a Ferrero, al héroe de cómic, a su mentón, a su espalda, que parece el escudo de un cruzado, y a su cruzada: Roland Garros. La pasada temporada, justo por estas fechas, deslumbró al mundo. Venció en el Godó, en Roma y fue finalista en Hamburgo. Cuando todo parecía destinado a su victoria en París, surgió en semifinales Kuerten. Ahora, un año después, el brasileño está inédito y contra las cuerdas por una lesión en la cadera.
De momento, Ferrero es el que levanta las copas. La de ayer se llamaba Príncipe Rainiero y no Grace Kelly, lo que no se entiende, y la entregó el pizpireto Alberto y no Carolina o Estefanía (Carlota si me apuran). Ante tal panorama, sin nadie mejor a quien besar, Ferrero le dio un beso a la copa.



