Y ahora, el Bayern
R. Carlos, Morientes y Figo suben la moral con goles. El Rayo, toque y poco punch. El Madrid, líder.

En el fondo sur, una camiseta gigante recordaba a Juanito. Posiblemente el Real Madrid necesite remitirse a la bravura de aquél 7 inimitable. Su carisma sobrevuela el Bernabúnker para echar una mano en estos partidos de ganar o morir. Ayer tocó el Rayo y cayó. El liderato está salvado. Ahora es el turno del Bayern. Los de Vallecas jugaron al fútbol, y bastante bien. No se arrodillaron con el marcador cuesta arriba y pusieron un nudito en la garganta a los blancos. Les faltó lo que sí tuvo el líder de la Liga: determinación en el área.
Del Bosque utilizó el partido para hacer un ensayo general antes del Bayern. Planteó una alineación que es una apuesta, con Helguera de central, ante la súbita baja de Pavón por lumbalgia. Y así se lanzó el Madrid a pelear contra este Rayo de buenos trazos y malos resultados. En diez minutos confirmó su mala estrella encajando un gol desmoralizante. Roberto Carlos disparó a un bando de perdices y mató tres de dos tiros: el balón dio en Ferrón, fue al poste, rebotó en la espalda de Etxeberría y enfiló hacia la red. Una carambola oportuna para dar oxígeno al brasileño en estos meses de cierta depresión y, a la vez, para relajar el estrés del equipo blanco.
El Madrid se entregó al arte. Dejó la pelota en pies de un Zidane soberbio en la elaboración, de un Solari excepcional en el toque, apoyo, aparición y llegada y en la firmeza de Makelele en la medular como roba balones. El Rayo mantuvo una lucha honrada y ordenada. Y lanzó sus darditos envenenados cuando los blancos se relajaban. Peragón y Vivar empalidecieron a César antes de la media hora con remates a bocajarro.
Morientes. No valía ganar con la gorra. Ni hablar. El Rayo le exigía al Madrid dedicación completa. Por eso Raúl tuvo que asomar la cabeza para colaborar en la rehabilitación moral de su compañero Morientes. Con un pase magistral le plantó ante Etxeberría y el ariete ejerció de matador. Resolvió el mano a mano con un rápido pase de balón de derecha a izquierda para establecer el segundo y romper la mala racha que le persigue. Un mal fario que, sin embargo, sigue imantado a sus piernas porque en el minuto 71 lanzó al poste cuando tenía la puerta vacía. Levantó de nuevo en el Bernabéu todas las suspicacias posibles y, por una de esas fatales casualidades, Del Bosque le tenía preparada la sustitución inmediata por Guti. Por fortuna para el Madrid, Bolo imitó a Morientes tirando fuera cuatro minutos después, confirmando aquél refrán del perro flaco.
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Guti, precisamente, se fabricó la jugada clave cuando ya Zidane guardaba fuerzas en el vestuario y había entrado Figo. El partido estaba roto y se encontró el balón, lo llevó en zig-zag hasta el área y allí Hernández le derribó. Figo puso a prueba su tobillo lanzando de forma impecable a la red. Primer toque, un gol. Está vivo.
El Rayo murió dignamente. No se resquebrajó. Quiso luchar hasta el último minuto y encontró un gol merecido en remate por alto de Hernández. Sin duda, un partido lleno de avisos para el Madrid antes del Bayern.



