Puntos de gloria
Un gol legal de Makelele impulsa hacia el título al Madrid. El Sevilla reeditó el bilardismo ante la pasividad de Pino.

Bilardo estaba en la caseta del Sevilla, seguro. No hay otra explicación al juego sucio de este equipo. Ayer se vivió en Nervión una reposición brutal de la más fea escuela del bilardismo. Aquella del "¡Pisalo, pisalo! Al contrario hay que pisalo", que gritaba desde el banquillo del Pizjuán quien hoy sueña con presidir Argentina. Eran otros tiempos. Ayer Caparrós permitió a sus hombres repartir leña hasta límites vergonzantes. No hay un calificativo para encuadrar la tijera con las dos piernas que le hizo Juanmi a Zidane. Y tampoco la patada que propinó Fredi a Raúl por detrás, sin balón y sin venir a cuento.
Naturalmente, en el delito sistemático de repartir estopa destemplada hubo un cómplice: el inepto Pino Zamorano. ¿Qué deberá hacer este árbitro para que nunca más vuelva a pitar? ¿No fue suficiente la exhibición de incapacidad ofrecida en el Bernabéu, cuando la visita del Betis? ¿No está bajo sospecha desde las denuncias de AS sobre su forma de ascender a Primera?
No hay líneas en esta crónica para enumerar las torpezas de Pino en el partido de ayer. Pero cometió dos pecados capitales: no mandar a su casa a Juanmi por la brutal entrada a Zidane y no mostrar roja a Notario por manos fuera del área en una salida ante Raúl. Me atrevo a decir que acertó de pura chimba al conceder el gol del Madrid, pues fue legal aunque Makelele pareciera que estaba fuera de juego. No ha lugar a las protestas sevillistas. No hubo orsay.
El Real Madrid se llevó el partido y tres puntos de gloria en plena Semana Santa. Una victoria con las que se ganan Ligas. Trabajada, sufrida, peleada, sin purpurinas. El Sevilla quiso llevar el juego a las tinieblas, pero lo hizo tarde. Después de los veinte minutos Helguera y Makelele se sacaron de la manga el gol bobo de la temporada. Tiro, rebote y gol. Una diana propia de un choque enredado, de persecuciones por el campo, de balones pinchados y escasas gotas de esplendor. A Zidane le persiguieron como galgos a una liebre y Raúl estuvo todo el partido emboscado.
Noticias relacionadas
Caparrós buscó más fútbol en la segunda parte con Fredi y Gallardo. Y es verdad que el Sevilla ganó en dinamismo. Lo que sobró fue la caña subterránea. En la buena racha, sobre la hora, disparó Fredi al larguero, Njegus remató de cabeza a bocajarro y también Gallardo tuvo el empate en el descuento con un suave cabezazo que despejó un César muy entonado en Nervión.
El Madrid se remangó en la segunda parte. Había que sobrevivir con la renta del gol. Ni fútbol ni toque ni espectáculo. Escuchando por la radio el empate del Deportivo, bastante tenían con salir ilesos y con el saco lleno. El equipo se hizo fuerte en la medular, con un Helguera sensacional, y pensó en que esta Liga es cada día más blanca.



