Raúl no perdona
Apareció para resolver el partido | El Celta naufragó por la ceguera de Mostovoi y Catanha | Zizou dio leña.

La mala racha del Real Madrid fuera de casa ya es historia. Afortunadamente para los intereses blancos, Raúl apareció en el momento oportuno para enderezar la nave en Vigo y acabar con el fantasma de los malos resultados lejos del Bernabéu. Hizo un partido serio el conjunto de Del Bosque, con fútbol equilibrado y sereno, buen toque de pelota en alguna secuencia y seguridad defensiva subrayada con la aparición en la titularidad de César, guardameta que dejó un buen sabor en el paladar al entrenador con su actuación en Oporto.
El Celta fue menos bravo de lo esperado. Quizás por la falta de tono de Mostovoi. Intentaron abrir brecha Gustavo López y Edu, sobre todos, pero jamás se vieron secundados por Catanha, totalmente borrado del mapa entre los centrales madridistas. Si el ariete no funciona, y ayer no funcionó, la capacidad céltica para derrumbar al enemigo se reduce muchísimo. Y en el fracaso del goleador tuvieron mucha culpa Pavón -esta vez tan entonado y tan listo como en Oporto, así triunfará- y de Helguera, quien demuestra grandes dotes para jugar en esta posición.
Lo cierto es que el partido no alcanzó altas temperaturas de fútbol. Resultó más bien igualado, técnico y muy de pizarra. Si se suman las ocasiones de gol no llegarían a la docena entre los dos equipos. Sin duda los responsables de este encefalograma plano fueron los creadores, los inventores de cada equipo. Zidane dio uno de esos recitales tibios, timoratos, sin picos de brillantez.
No le gusta caer a la banda y en Balaídos le tocó esta faena. De su balance sobresalió exactamente lo que nunca se espera de Zizou: su capacidad para dejar KO al más pintado. En dos acciones fue capaz de tumbar a Luccin y al guardameta Cavallero, que acabó en la caseta dolorido de un hombro.
Cayó el terrible. Curioso fue que Luccin, llamado a ser el terrible e implacable secante de su compatriota, cayera herido por un plantillazo rasgado de Zidane al intentar evitar un disparo. Tampoco hemos de acusar al francés de jugador violento. Fueron dos anécdotas chocantes.
Hablamos de un partido con espadas cruzadas, enredado en la medular y de pocas pulsaciones. Se demostró con la alternancia de ocasiones de gol en la primera mitad, en la que el Celta intentó por tres veces sorprender a César con tiros muy lejanos, mientras el Madrid encontró en las botas de Morientes una ocasión nítida de gol. El Moro cruzó fuera un balón dulce y blandito colocado por Raúl en el área tras una buena idea de Zidane.
El Madrid de los cracks tiene estas cosas. Parece dormido y de pronto da un coletazo espectacular. Es un perfil diferente al Madrid que vimos en Oporto. Allí la historia fue de lucha, de contragolpe y de apretar los dientes. En Balaídos tocó mucho la pelota, con elaboración. Y en esto volvió a hacer demasiadas aguas Macca por su frialdad y le sucedió otro tanto a Flavio, quien no termina de decir "aquí estoy yo" para justificar su candidatura a la titularidad. Balancea, se mueve, recupera, pero no rompe y rasga.
Poca presión. El Celta tenía orden de Víctor Fernández de presionar a muerte. Y sus hombres lo hicieron sólo con intermitencia. Luccin no fue el gladiador de otras veces y a Giovanella le pesó demasiado no tener el oxígeno de un Karpin, por ejemplo. No pudieron nunca con el infatigable Makelele.
Así, dejando márgenes de maniobra al Madrid, lo normal es que te de una puñalada en cuanto le pierdas la cara. Incluso ocurre con alguna de sus estrellas viviendo en un sesteo precopero. Nos referimos a Roberto Carlos. El brasileño hizo una arrancada ¡sólo una! en todo el partido. Y entre lo peor que dejó en la retina hemos de reseñar un impropio patadón verbenero hacia atrás dejando en cueros a Salgado. Ojalá llegue pronto la final de Copa para que Roberto se entregue a tope y ponga la piel de gallina al espectador con su inigualable fútbol explosivo.
A la hora de partido, Del Bosque se planteó una maniobra estratégica y le salió muy bien. Dio paso a Solari, uno de los jugadores más en forma, y a Guti por el sosón Flavio y el náufrago Morientes. El indiecito encantó: buscó la banda, animó a Zidane, llevó el balón arriba y supo burlar la red céltica. Perfecto. Guti también aportó presencia.
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El Celta andaba con el estómago vacío, prácticamente pactando el empate en el minuto 82, cuando apareció el hombre que nunca tiene suficiente: Raúl. Con esa picardía que lleva las venas ganó la espalda a los dos centrales en un pase templadito de Zizou y con un cabezazo precioso sentenció el partido. Esa cabeza vale su peso en oro. El Madrid llegará a la final de Copa entonadísimo.
El Detalle. En 1995, la última victoria
El Madrid no ganaba en Vigo desde 1995, cuando llegaron con el título de campeones de Liga, con Valdano en el banquillo. Acabaron 0-2, con goles de Raúl y Rivera. Ayer volvió a marcar Raúl y acaba con la maldición de Balaídos.



