Primera | Valladolid 2-Real Madrid 1

Descabezado

Un Madrid sin alma y sin fútbol cae ante el vigor del Valladolid.

SIN RESPUESTA. El Valladolid festejó sus goles con emoción por el trabajo bien hecho, mientras Raúl, pensativo, encajaba la situación.
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El Madrid acusa de forma alarmante la baja de sus líderes Fernando Hierro y Zinedine Zidane. El equipo blanco no tiene ni alma ni fútbol. Ha caído de la galaxia imperial a la vulgaridad más preocupante, esbozada en Montjuïc y confirmada en Zorrilla. Más aún, por encima del criterio de Vicente del Bosque está la evidencia del agotamiento mental y físico del equipo, acusado hasta el sonrojo en determinados jugadores puntales. Así, el Valladolid se encontró a un rival desfigurado, simplón y titubeante, con la guardia bajada para recibir uno o más mamporros en cuanto le bailaran un poquito. Y eso que, por un pellizco de suerte, los blancos (ayer más negros que nunca de uniforme y de ideas) creyeron que con el gol de Morientes iban a arañar un punto. Pues no.

El Madrid ha embarrancado sin Zidane y sin Hierro. Por detrás se descose con ese central de juguete llamado Karanka. En el centro nadie quiere saber nada del balón porque quema. Y de la mitad hacia adelante sigue chirriando el plomo en las piernas de Figo tanto como la escasa aportación de Morientes. El Moro, salvémosle, marcó un gol de escorzo en media cantada de Ricardo.

Empecemos por el final. La desesperante inestabilidad del Madrid quedó fotografiada en el tanto victorioso de Jesús. Faltaban dos minutos para el final. Un córner cualquiera: Macca salta como un juvenil para despejar y allí aparece el pucelano para ganarle la espalda y clavarla en la red. Así no se puede ir por la Liga. O al menos, así es imposible defender un liderato. Hay que ser de acero, hay que sacar los codos, apretar los dientes, imponer autoridad y no tiritar acongojado cuando el partido ha llegado a su punto álgido. El Valladolid resolvió en ese momento un partido por el que había peleado honradamente, con sus luces y sombras, con orgullo de chavalería y una noble disciplina táctica. Nunca se acomplejó y ese fue su mérito.

Plano. Ya desde el principio del partido se observó la inferioridad del Madrid. Daba la imagen de un equipo plano. Uno más de la mitad de la tabla hacia abajo. El Valladolid utilizó las mismas artes que el Espanyol días antes: presión agresiva, movimiento de balón y confianza ciega al llegar al área. De no mediar el mal día de Tote en el último toque, los pucelanos habrían sentenciado antes del descanso. Incluso Roberto Carlos tuvo que cometer un penalti sobre al ariete que el mal árbitro (para los dos equipos) González Vázquez no vio. Casillas era el héroe, increíble.

Del Bosque empezó su proceso de desesperación y dio un giro quitando a Solari y Helguera para poner a Celades y Macca en busca de la pelota perdida. Y pareció levantar la cabeza el Madrid, tímidamente. Fue un efecto pasajero, pues Fernando resolvió una contra iniciada en un error de Makelele, el hombre que más cortó y más perdió, pero que dio la cara siempre.

El empate no fue más que una anécdota. Un subidón de adrenalina a partir de tres pases bien hilvanados, ya con Guti en campo, el único que supo atemperar el juego, tarea en la que también se mató literalmente Raúl sin encontrar un socio despierto. De ahí a los minutos finales, el Valladolid fue más vivo dando una lección a este agotado Madrid que recibió la puntilla por indolente. Un dato: En los cuatro minutos de descuento, los de Pucela tuvieron el balón tres minutos dieciocho segundos. ¿Quién perdía el partido?

El detalle

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Victoria después de 10 campañas.

El Madrid no perdía en Zorrilla desde 1992. Ayer rompió esta racha. Además, Del Bosque iguala con cuatro partidos sin ganar su peor racha, que fue en la 99-00 al llegar al banquillo.

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