Copa del Rey | Real Madrid 3 - Athletic 0

Ganaron los valientes

Heynckes jugó a defender y perdió l Raúl, Guti y Larrainzar, en propia puerta, premiaron al que arriesgó.

Los jugadores blancos celebran un gol ante la desolación de los bilbaínos que han visto como se desvanecía el sueño con la peor de las suertes.
J.J.Santos
Actualizado a

Aveces, el fútbol da soberanas bofetadas a los que quieren especular con los resultados. Ayer tardó en llegar pero llegó el castigo para un técnico que jugó a no perder y acabó goleado. Heynckes en mayor medida y Aranzubia con su inexperiencia, tiraron por la borda la ilusión del rey de copas. El Madrid podrá convertir el día del Centenario en una fiesta... con el permiso del Deportivo.

Si alguien en el Madrid pensó que con lo de "a por ellos, que son pocos y cobardes" se iba a solventar la eliminatoria, estaba muy equivocado. El Athletic no escondió sus cartas y, de inicio, situó una linea de cinco en defensa, con tres centrales. Heynckes nos había engañado en la víspera. Su equipo no salía de cara a ganar, todo lo contrario. Conoce el Bernabéu y sabe que la presión jugaría a favor de los suyos si aguantaban el primer arreón. Sabía también que su equipo soba la pelota, no la regala, la esconde, y eso es mortal para un rival que necesita abrumar en la posesión.

Segunda reflexión. Una dura entrada de Carlos García sobre Zidane en el minuto cuatro iba a dejar tocado al francés veinte minutos y alterado el resto del partido. A Zidane no le va lo de jugar con mala leche, picado. Lo suyo no es eso.

Lo demás era puro pizarrón. Carlos García sobre Zidane, Alkiza vigilando a Figo, Aitor Ocio pegado a Morientes y Ezquerro ayudando al centro del campo. Tal dibujo dejó fuera del equipo vasco a Orbaiz, a Yeste, a Etxeberria. Incluso apartó del banquillo al otrora símbolo Julen Guerrero.

Pasaban los minutos y el desarrollo del juego daba la razón al prudente técnico alemán. Todo pudo cambiar en diez minutos, los que van del veinte al treinta. Ahí, el genio de Zidane, la voluntad de Figo y la velocidad de Roberto Carlos pudieron romper el partido. Dos jugadas individuales de Figo y un cabezazo de Morientes calentaron una caldera de por sí subida de temperatura. Era el camino correcto. Pero al Madrid le faltaba chispa en los últimos metros. Raúl se perdía en la presión y en desmarques inútiles, mientras que Morientes parecía estar penando aún las ocasiones perdidas en San Mamés para sentenciar la eliminatoria. Al encuentro le sobraba intensidad pero le faltaba gol y remate. Anotar que el Athletic no tiró a puerta hasta el minuto treinta y uno. Fue un tímido intento de Ezquerro desde fuera del área.

Apareció el colegiado. Para que no faltara de nada, y tras las semanitas que llevamos con los desafortunados arbitrajes de unos y otros, Rodríguez Santiago se sumó a la fiesta y por falta de picardía enardeció a la grada. Un error baladí acá, un despiste allá. Poca cosa pero suficiente si el personal está con la mosca detrás de la oreja. Según aumentaban los silbidos, el trencilla se aculaba en tablas recurriendo a las tarjetas. Hombres duros, de roja casi diaria como Alkiza, Raúl o Zidane vieron la amarilla en pleno descontrol del desencajado Rodríguez. Eso dio la puntilla a una primera parte con excelente sabor copero pero encorsetada por los nervios y las tácticas.

Pero, por fortuna, el fútbol no es patrimonio ni de colegiados ni de entrenadores. Los artistas de la pista nos sorprenden, para bien o para mal, cuando menos lo esperamos. Tardará mucho tiempo el Athletic, casi tanto como ansía ganar la Copa, en olvidar los cinco primeros minutos de la reanudación. Diría más: en olvidar el minuto cincuenta de partido. Ahí saltó todo por los aires. Urzaiz, que estaba desaparecido, metió un pase de gol a Alkiza y éste lo desaprovechó de forma miserable. En la siguiente jugada, córner a favor del Madrid, lanzamiento normalito de Figo, cantada monumental de Aranzubia y gol en propia puerta de Larrainzar. Todo en un minuto. Todo en un fogonazo. Así, para regocijo de los que amamos este deporte.

Eliminatoria igualada pero pesando el gol de Zidane en la ida. Llegaban las prisas. Heynckes, presunto cagón en el arranque, ya movía esa cara que no denota nunca las emociones y se disponía a cambiar el discurso. No le iba a dar tiempo.

Otra vez Aranzubia. Se movía el banquillo del Athletic, maldecían su suerte los que estaban dentro del campo cuando Helguera (ayer fue otro para bien de los suyos) trazó un pase en diagonal de cuarenta metros. Algo chupado para el portero e imposible para Raúl, que era un islote en el área rival. Pero el joven Aranzubia midió mal, muy mal. Bueno, no midió y Raúl en esas no perdona nunca. Cabeceó a la red con la misma naturalidad que presiona a la defensa rival como si fuera un juvenil. Era el minuto cincuenta y ocho y el mundo se le venía encima a los rojiblancos. Mayor desgracia, imposible. Mayor torpeza, difícil.

Seguro que en ese momento miles de aficionados bilbaínos se estarían preguntado: ¿y dónde están Guerrero, Yeste o Etxeberria? Eso nos preguntábamos todos aunque, siendo justos, en la primera mitad les habíamos echado poco en falta. Pero, al final, nunca sobran los jugadores de calidad, los que definen un partido, los que varían el excesivo miedo de los que los dirigen con una acción de fantasía.

Del Bosque, mucho más fiel a su ideario, decidió que era el momento de que el Bernabéu perdonara a Morientes y Guti de una tacada, después de dar descanso a un Zidane que lo mismo no hubiera acabado el partido porque el golpe en su tobillo derecho le seguía doliendo y le impulsaba hacia la venganza.

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Heynckes, entonces sí, se abrió de capa y puso en el campo a Etxeberria y Yeste. Demasiado tarde. El pescado ya estaba vendido y la frustración en los suyos era muy superior a las ganas que pusieron en todo momento.

Para evitar la tensión en el último cuarto de hora, Guti acertó nuevamente con la portería vasca en el minuto setenta y cinco.Se cargaba así la tensión propia de estas eliminatorias coperas. No había color, salvo el que ponían con fe los entusiastas dos mil seguidores del Athletic. En esos minutos de basura pudieron llegar más goles, pero hasta en el descontrol fue más el Madrid. La final está servida, una final para valientes.

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