Paz y punto
Darío no la armó, Mejuto pitó bien, Hierro no dio patadas y el Málaga dominó medio partido hasta que Morientes empató.

Mucho ruido y pocas nueces, dice el castizo. Demasiadas expectativas depositadas en La Rosaleda se fueron al garete. Ni Darío Silva fue el diablo ni Hierro dio una mala patada ni Mejuto armó el taco. Por seguir, diremos que incluso Zidane defraudó por un día. La anunciada batalla se quedó en un arreón impresionante del Málaga en la primera parte y la posterior estabilización de las constantes madridistas cuando a Del Bosque se le encendió la luz de un imprescindible cambio táctico para desatascar las tuberías. Un tiro, un gol. Y un gol, un punto. Más práctico no pudo ser el encuentro para ambos conjuntos, que firmaron la paz al final del partido.
Peiró repasó vídeos recientes y extrajo la conclusión perfecta: jugar contra el Madrid consiste en ahogar a Zidane y estresar al resto. Para conseguirlo abanderó a Romero, el indultado, al frente del pelotón de empuje donde sobresalió la rudeza de Roteta, la pelea de Musampa y la lucha diabólica de Darío Silva rebañando metros desde atrás hacia adelante. El Málaga lanzó el guante al equipo negro y éste no supo por dónde respirar.
Tan solo Makelele y Pavón difrutraban de libertad para manejar la pelota, lo que suponía una ruina para el colectivo. Y no había más Madrid: Zizou se fue a los rincones, Raúl no encontró campo, Helguera andaba con los pies de mantequilla y Roberto Carlos se taponó en una pelea individual con Gerardo. Si alguien saltó centrado, con la tensión químicamente en su punto, fue el Málaga que durante diez minutos bailó el balón en posesión absoluta con apenas un sobresalto en una arrancada sin punch de Morientes.
El Madrid se encontró sometido a una presión castigadora. Y en este aturdimiento cometió un error letal: animados por una acción de ataque se fueron arriba ocho jugadores, dejando a Hierro y Pavón a solas con Darío y Dely. El Málaga montó la contra a partir de un desajuste de Figo y Salgado en el pase, llevando en tres toques el balón a la red de Casillas.
Castigo natural para un Madrid encogido e impreciso, donde sólo asomaban la cabeza Figo y Makelele. El portugués estuvo valiente de principio a fin de partido. No fue su día de esplendor, pero al menos regresó al camino de la participación y el entusiasmo. Lo vio rápidamente Roteta, quien le dedicó un recital de entradas bruscas, especialmente la que abrió la segunda mitad, pisándole el tobillo de forma escalofriante.
Para entonces ya se había ido lesionado Hierro y Del Bosque estuvo tímido en el giro táctico. Dio entrada a Karanka, sin más. Insuficiente decisión que enmendó muy bien a los sesenta minutos. Metió a Solari para exprimir las cualidades de Helguera de central y quitó a un desafortunado Pavón. Ojo a este muchacho, hay que meterle pimienta en la sangre.
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Decíamos que con Solari el Madrid ganó la banda izquierda y Zidane se encontró más cómodo. El Málaga vivió un proceso de desconcierto por los carriles: Figo y Solari se ofrecieron para servir balones al área. Y también Roberto, poniendo en la cabeza de Morientes el gol del empate. A los de Peiró se les acababan las pilas de forma brusca y aceptaron recular para preservar el empate. Y se defendió a dentelladas ante los mejores minutos madridistas. La reacción, sin embargo, llegaba demasiado tarde.
El detalle. Un empate que echa el freno
La ascensión madridista, con 22 puntos de 24 posibles queda frenada con este empate. En nueve partidos ha conseguido siete victorias y dos empates, que le permiten mantenerse en cabeza. Los blancos siguen sin perder en Liga desde el 11 de noviembre.



