Y todos felices
El Mallorca saca un empate merecido al Madrid en un partido intenso, con Carlos Sánchez muy entero y un Raúl infalible.

El Real Madrid se despide del año con media sonrisa. No fue en Mallorca el conjunto demoledor de las últimas fechas. Apenas durante un cuarto de hora impuso su ley, justo después del gol del insaciable Raúl, para después achicar agua por cielo y tierra sin poder evitar el empate, nacido de un mal pase corto de Pavón. El chaval no tuvo ayer su día, en una fatal coincidencia con el inmediato contrato profesional por cinco años que rubricará el miércoles. La igualada reflejó exactamente lo sucedido sobre el campo, donde unos y otros mantuvieron la balanza en equilibrio con distintas armas. El suspense alcanzó su punto de máxima emoción cuando en el margen del último minuto se salpicaron dos jugadas de gol, una en cada área, liquidadas con fortuna por Carlos Sánchez y Leo Franco. El reparto de puntos inyecta un nuevo morbo a la cabeza de la Liga y supone un alivio de infinito valor para Kresic y sus muchachos.
El Mallorca fue fiel a su prestigio. Encaró el partido como una final y apenas desfalleció en aquél referido cuarto de hora postgol de Raúl, desolado por tan inmerecido castigo. La presión ordenada por Kresic le resultó tremendamente molesta a Zidane, difuminó a Figo en cualquiera de las dos bandas y anuló por completo a Morientes. De ahí hacia atrás, Helguera y Makelele dedicaron el día a robar balones, absorbidos por el juego dinámico de Engonga, Paunovic y, por la banda, de un fresquísimo Campano.
En definitiva en la primera media hora Carlos Sánchez se encontró con un saco de trabajo. El debutante lo liquidó con solvencia, transmitiendo seguridad y apenas un mal saque de portería delató su falta de rodaje. Un paradón a Novo le metió en el encuentro y hasta le acompañó la suerte cuando Luque le hizo una vaselina que repelió el larguero, un poquito antes de ir al descanso.
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El Madrid superó el mal trago de la primera parte enfriando el balón con manejo limpio y ordenado, vistoso y sereno, aunque sin punch en el último pase. Y lo intentó mejorar apoyándose en la capacidad para sorprender de Zidane y Roberto Carlos. El francés encontró la pelota burlando la presión del Mallorca y el brasileño convirtió su banda en la vía del AVE. Desde allí lanzó un pase sensacional a Raúl, quien supo ejercer ese letal papel rematador que le diferencia del resto de los mortales.
A los de Kresic se les fundieron los plomos. Y pudieron echar al traste un partido bien jugado si Zidane no dispara espectacularmente al poste un minuto después del gol de Raúl. Pero el oxígeno llegó a los pulmones del Mallorca gracias a las diabluras de sus atacantes. Etoo, Luque y también Paunovic se las ingeniaron para mantener en jaque a Carlos Sánchez. Y no fue el guardameta quien perdió el norte, pues hizo paradones de mérito, sino Pavón. El chaval se metió en una dinámica fallona propiciando la jugada del empate. El partido se fue hacia un final de alternancia, sin ganador y acabó con un Feliz Navidad para todos y próspero 2002.



