Rojo no se libra de los pitos ni ganando
Triunfo agónico con una Romareda que pidió la marcha del técnico.

Chechu Rojo puede respirar tranquilo, de momento. El agónico 3-2 que consiguió ayer el Zaragoza le permitirá pasar una Navidad con el puesto asegurado. Sin embargo, mucho tendrán que reflexionar tanto él como la directiva del conjunto maño porque el enfrentamiento que mantiene el técnico con la afición ya empieza a pasar factura al equipo. Si no, cómo se explica que en el minuto 8, con 0-0, la grada ya estuviera pitando y pidiendo la marcha de Rojo. Que con 2-0, el único cántico que se escuchara en La Romareda fuera el "Rojo, vete ya" o que, aún mucho peor, segundos antes de que Acuña lanzara el penalti que significaría el triunfo local, el estadio siguiera silbando, algo que se agudizó con el 3-2. El problema, más allá de las críticas al entrenador, es que la afición está dando la espalda también a sus jugadores.
Todo empezó perfecto para el Zaragoza. El conjunto maño arrolló en la primera mitad. Con Juanele y Acuña asumiendo el mando, el conjunto local llevaba sin apuros la batuta ante un Villarreal que, salvo una clara ocasión de Craioveanu en el primer minuto, no volvió a acercarse a la meta de Lainez. Por contra, cada aproximación del Zaragoza era sinónimo de peligro y también de efectividad. Primero Chainho, tras una sensacional asistencia de Yordi, y después Vellisca, al aprovechar un error en el despeje de Quique Álvarez, lograron dos goles que, en teoría, debían devolver la tranquilidad y la confianza al equipo.
Sin embargo, no fue así. Con el 2-0 y La Romareda pidiendo la marcha de Rojo, el nerviosismo se apoderó de los locales, que se echaron atrás y dieron vida a un Villarreal que no desaprovechó la oportunidad. Los tantos de Víctor y Jorge López sacaron a flote a los amarillos, que en esos momentos eran los que más cerca estaban de la victoria (con 2-2, Galván erró un mano a mano con Lainez). Pero llegó el penalti del sevillano a Vellisca y el 3-2 de Acuña que decidió un choque que mantuvo el suspense hasta el final.
El detalle
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