Copa del Rey | Real Madrid 4 - Nàstic 2

Vaya mal trago

El Nàstic marcó dos goles y puso la soga al cuello a un Madrid que saltó sin chispa, pero Raúl resolvió la eliminatoria.

ACCIÓN DECISIVA. Casillas tuvo que zancadillear a Marcelo fuera del área para evitar un gol cantado en el minuto 82 y fue expulsado.
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El Real Madrid tiene un problema traicionero: la arrogancia. Hasta la fecha no teníamos conocimiento de este virus. El Nàstic se lo rebozó por la cara durante noventa minutos, de principio a fin, trabajando con modestia y orgullo hasta bajar los pantalones a este equipo de la fama. Ganó y pasó la eliminatoria el conjunto blanco, pero acabó con diez, atolondrado, acongojado y preso de un ataque de nervios.

En el fútbol español nadie regala nada, ni siquiera un equipo colista de la Segunda. Esta lección debió impartirla Del Bosque con mayor energía antes del encuentro, pues sus hombres saltaron al campo dispuestos a resolver el compromiso solo con la camiseta y se encontraron dos goles ¡¡dos!! en contra en quince minutos. Por fortuna existe Raúl.

El Nàstic fue otra vez el Manchester. O mejor, qué ley. Si en Tarragona se dejó la vida, en el Bernabéu dejó la huella de un fenomenal equipo. Con Cuéllar entre líneas destrozando al insípido, inocuo y estéril Celades. Con Marín perforando a un Miñambres desbordado y con la extraordinaria batuta de Masnou, faro de cada acción, el ratón se comió al león. Un minuto de juego, un gol. Así se resumió la actitud de unos y otros ante el partido.

El Madrid empezó la eliminatoria con cara de bobo. Tuvo que ser Raúl, asumiendo el rol de jugador despierto que en Europa no han sabido valorar debidamente, quien enderezó la nave con el empate a los cuatro minutos. Pero el Nàstic estaba crecido. Aplicó toque y toque, cambios de orientación por sorpresa, rotaciones, control riguroso de Zidane y Figo y un desparpajo maravilloso. Celades y Helguera se debieron creer en un infierno. Karanka no sabía si Herrero era el mismísimo Owen...Y el río fue a desembocar en otro golito, esta vez del referido Herrero, enmarcando una estampa para el recuerdo en la retina del Bernabéu. El Madrid necesitaba cuatro goles.

Media hora duró esta bravísima defensa del castillo tarraconense. Con uñas y dientes torearon las embestidas de Zidane, Roberto Carlos y Figo. Quizás el más tembloroso en la muralla pareció el propio Moso y por ahí perdió algo de aire el Nàstic. Guti lo supo ver en un mano a mano muy simple para empatar y Raúl volvió a mortificar al bueno del guardameta en tiempo de prolongación de la primera parte, adelantando al Madrid por primera vez en el marcador.

Pero para llegar a esta remontada, aún insuficiente, el Madrid necesitó sudar sangre. Este partido de Copa, anunciado como de rutina, se asemejó a aquellos de las noches europeas de remontadas gloriosas. Y siempre hay un héroe en estas circunstancias. Raúl se adjudicó la nominación. Su fe, tensión, entrega y acierto en la red no tiene parangón. Su partido era una respuesta de su conciencia a quienes no le han significado como el mejor del año. Allí estuvo al volver del descanso, en su sitio, para empalar el esperado cuarto tanto tras sensacional arrancada de un Guti muy entregado.

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Y sucedió lo inesperado. El Madrid dio un giro mortal hacia la suficiencia. Bajó los brazos feamente. Y el Nàstic se lanzó a morir clavando el estandarte en el área de Casillas. Tanto que consiguió la expulsión de Iker en el minuto 82 en una salida vital fuera del área. Puso en un puño el corazón del Bernabéu, pero la gran página del Nàstic United estaba ya escrita sin final feliz. Raúl lo impidió.

El detalle. El viernes será el sorteo

El próximo viernes el Madrid conocerá a su rival en cuartos de final, tras el sorteo que se celebrará en la Federación. Lo probable es que sea un equipo de Primera, aunque habrá un Segunda B en el bombo. Saldrá de la eliminatoria Figueres y el Novelda. El Madrid sería su aguinaldo.

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