Vergüenza catalana
Quimet Rifé ha pasado los últimos veinte años entre la Escola Tarr y la compraventa de sillas y porterías.
Quimet Rifé ha pasado los últimos veinte años de su vida entre la Escola Tarr y la compraventa de sillas y porterías. Con este gran bagaje técnico, su presidente Gaspart decidió ponerle al frente del fútbol pequeño catalán, en la Federació. El otro presidente, Roura o sea, dijo que amén y así estamos, con el Barça controlando gratis cualquier chaval catalán. No: en esto no hay campañas de Madrid, ni centralismo, ni Franco. Esto es nuestro fútbol: una vergüenza. Catalana.
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Porque el quid de la historia es este: los seleccionadores comarcales y demás empleados de la Catalana se reportarán a Rifé, quien conocerá al día el progreso de un porterito de la Garrotxa o la aparición de un extremito en Osona. Ese seguimiento le cuesta al Espanyol millones de pesetas anuales. Y al Nàstic, Y al Lleida. Y al Hospi. Todo para el Barça; un domingo el Barça A, el siguiente el B, el C y el D. TV3 con todos y a quien no le guste, a los toros.
Con el escandaloso nombramiento de Rifé se prima a ese Barça depredador que sólo la temporada pasada tocó a 23 jugadores-niños del Espanyol con la intención de corromperlos y llevárselos al Camp Nou. Veintitrés del Espanyol: asusta pensar a cuántos más de otros clubes. Dani amenaza con romper relaciones con la Catalana. Debería hacerlo empezando por vetar a su amigo Molinos.



