Primera División | Real Madrid 2 - Osasuna 1

Luces y sombras

El Madrid lo borda en 15 minutos, pero Iker salvó la victoria.

Los madridistas jugaron muy bien al principio, pero al final se relajaron demasiado.
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El Real Madrid sufrió cinco últimos minutos dramáticos por su suficiencia. Por creerse con los deberes hechos en el primer cuarto de hora y perderse después en la niebla. La inconstancia en el esfuerzo parece una de las asignaturas pendientes de este equipo que está cada día mejor armado, pero aún no mete la quinta velocidad. El Osasuna se sintió revolcado por dos goles rapidísimos, de Morientes y Raúl, y buscó el rincón neutral para no recibir más golpes. Pero tras el descanso creció, peleó en la medular y pisó área hasta convertir a Casillas en el héroe. Al menos, por los dos paradones en el último minuto que salvaron la victoria.

No basta en esta Liga con las maravillas de Zidane. Ni con los goles del rehabilitado Morientes. Tampoco sirven las florituras de Roberto Carlos para rendir al contrario. Hay que reunir todos estos atributos y, además, mantener una actitud de combate permanente. Al fútbol bonito, preciosista, casi mecánico del Madrid los jugadores deben añadirle salsa picante para no relajar el músculo. De lo contrario, equipos como Osasuna son capaces de tutearle, de buscarle las vueltas hasta ponerle la soga al cuello.

Lo más bonito del Madrid se vio en el primer acto. Otra vez con la imponente referencia de Zidane, los blancos desplegaron las alas imponiéndose en todos los terrenos. Sobre todo de la mitad hacia arriba tenían al Osasuna acogotado en su área. En tres minutos, del 13 al 16, Morientes voló reivindicando su gran momento para amargar la tarde a Unzué. Marcó gol y medio, pues el segundo remate lo remachó Raúl justo en la misma línea. Coser y cantar, dijo el público del Bernabéu, que se acomodó en los asientos para presenciar poco menos que una orgía de goles. Gran error.

Lotina movió banquillo con coherencia tras el descanso, defendiendo su castillo con mucha fe. El Osasuna logró enredar a Makelele y Helguera en un laberinto, sofocar los fuegos provocados por Figo, agotar a Zidane en un sobreesfuerzo y apagar las luces a Raúl. Los chispazos blancos, de gran categoría sin duda, tuvieron réplica por parte de los navarros. Con Rivero, Palacios, Gancedo y la fuerza de Fernando comieron terreno pasito a pasito. Tanto como para obligar a Salgado a salvar un gol cantado, con la pelota a diez centímetros de rebasar la raya.

Del Bosque apreció la fractura de líneas en el equipo e intentó poner orden con Celades. Pero ni por esas. Aloisi clavó un remate de cabeza espectacular y el Madrid se echó a temblar. Faltaban cinco minutos para el final y entre los jugadores blancos sólo Figo demostraba furia y pulmones para hacer recular al Osasuna. Muy poco para contrarrestar el empuje de los navarros, inflados de confianza y muy frescos de piernas.

Así llegó el momento clave, cuando en un despiste de Pavón, Gancedo dejó en bandeja a Aloisi, pero apareció la mano salvadora de Casillas. El rebote se fue a pies de Palacios y fusiló, pero otra vez Iker sacó con un despeje vital. El Madrid le debe la victoria.

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El detalle

Tres victorias y un gol de cabeza. Es la primera vez en la temporada que el Madrid encadena tres victorias: Sevilla, Rayo y Osasuna. La progresión de resultados es un hecho contrastable. Por otra parte, el Madrid recibió un gol de cabeza, obra de Aloisi. Una circunstancia que no sucedía desde mayo, ante el Espanyol.

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