Malas hierbas
Raúl resolvió sumando su gol veintitrés en un partido marcado por el desastroso estado del terreno de juego.

Noche de topos en Huelva. Les dio a todos por salir de marcha y muchos seguro que murieron en el intento. Munitis se debió cargar un par de docenas porque fue la banda izquierda la escogida para la fiesta de tan destructivos mamíferos insectívoros. Camacho está dispuesto a dejarse la piel ¡por España! pero todo tiene un límite. El enemigo, si hablamos de la selección, casi siempre ha estado en casa. Como no debe haber estadios en nuestro país para jugar decentemente un partido, nos tuvimos que ir a un terreno de juego recién implantado que se levantaba con la misma facilidad que Lopera descubre guateques. Y el fiasco fue total. Al cuarto de hora ya era imposible controlar el esférico. Si no es por Raúl- siempre Raúl- aquello hubiera acabado en desastre total. Raúl juega y marca hasta en un patatal.
Y eso que pusimos interés. Se barruntó de inmediato que Mendieta está fuera de punto y por eso cargamos el juego por la banda opuesta. Nada. Guardiola tomó la batuta pero no era el marco para sus exquisiteces. Nada. Tristán quiso poner su arte al servicio de tan deplorable espectáculo. Nada. Puyol está como una moto y lo demostró en cuatro galopadas. Nada. No exagero: nada de nada. Resumen de los primeros cuarenta y cinco minutos: taconazo de Raúl para Mendieta sin mayores consecuencias, tirito de Aspe a las manos de Casillas y cabezazo fuera de Suárez en una salida en falso de nuestro guardameta. Nada.
La segunda parte comenzó peor. Los operarios habían adecentado el césped pero, ni por esas. México nos dio dos sustos y Raúl tomó el mando de las operaciones. Primero intentó sorprender de lejos y luego se dedicó a pelear y a buscar los pocos balones que llegaban por el buen tono de Víctor, que nos hizo olvidar la pesadilla Mendieta. Mediada la segunda parte, un saque de esquina acabó en la cabeza de Hierro; el balón se iba pero allí, cerca de la linea de gol, estaba Raúl para empujarlo. Gol que sirve para igualar a Di Stéfano en la tabla de artilleros. Gol para maquillar la vergüenza de un partido homenaje al despropósito.
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El detalle
Ni la selección merecía un terreno de juego tan deplorable ni el público de Huelva, que llenó las gradas, un espectáculo tal.




