Noche de brujas en el Sánchez Pizjuán
La resaca de Halloween y el crecido Sevilla planean sobre el Betis.


Erase una vez, hace 43 años, en 1958, un equipo llamado Real Betis Balompié, que, viniendo de Segunda y de Tercera, bajo la presidencia de Manuel Ruiz, ganó por 2-4 al Sevilla en la inauguración del Sánchez-Pizjuán, el corazón de Nervión. En aquel equipo, hermosa leyenda bética, habia un jugador llamado Luis del Sol (un respeto: Sette Pulmoni), que marcó el primer gol oficial en el nuevo campo sevillista. Aquel día lloraron muchos béticos: de alegría. Y lloró Cardoso, el portero del Sevilla: de pena...
43 años después, el Betis vuelve al Pizjuán. Otro Betis, en otro mundo. Aquella tarde del 58, Del Sol abanderaba a un equipo unido en torno a unos ideales, una fe y una filosofía de la vida: Er Beti. Esa vieja filosofía que impregna hoy... al Sevilla de Caparrós que, en efecto, es el equipo de la casta y el coraje. Bienvenidos al Betis de otro Manuel Ruiz (de Lopera), el Betis, a la misma vez, del presidente perpetuo, de Halloween, de Tegasa, de los contratos de imagen. Sette Pulmoni es hoy un viejo técnico, o un técnico viejo. Luis del Sol Cascajares...
Y, naturalmente,se trata de un Sevilla que habita en otra dimensión, una sociedad que, según su mismo presidente, Roberto Alés, necesita 1.000 millones para llegar a final de temporada. Si lo viera Sánchez Pizjuán...
...Si lo viera Don Ramón, se reconocería en la casta, el coraje y la unión colosal que Caparrós ha cimentado en sus hombres. No parece que pueda decir lo mismo Don Manuel Ruiz (de Lopera): el descalabro de Halloween aún colea. Tegasa vuelve a vivir episodios truculentos con Denilson, que tampoco arregla demasiado en Brasil. Y que nadie se engañe con la singular afición del Betis: si Lopera está ahí es porque paga y porque los béticos quieren. Al menos, hasta que termine el estadio: en efecto, puede ser hasta que la muerte los separe.
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Aparece Olivera, cuya inteligente tarjeta sudamericana ha levantado el tupé y el discurso del amo y señor del Betis. La defensa del Sevilla afila los colmillos. En el Betis, entretanto, se tientan la ropa, miran bajo las alfombras , dentro de los armarios: pretenden convertir la calabaza de Halloween en la carroza encantada de Cenicienta.
Pero la vida y el fútbol son puro misterio: el Sevilla debe tener cuidado cuando tiene tantas cosas a favor. Qué curioso: ese aire marcial, guerrillero del equipo de Caparrós es el que Lopera querría ver en este Betis, que para nada es Er Beti del 58 y de Del Sol: mejor que no hablemos de "salvar las distancias". Y, por cierto, con la que (no) cae en las arcas del Sevilla, ¿se plantean que éste puede ser el último Sevilla-Betis en el Sánchez Pizjuán, corazón de Nervión...?



