Maradona se disfrazó de talibán y de Bin Laden
El astro defendió a Afganistán, se vistió como el hombre más buscado del mundo y llevó turbante en una cena con Ménem.

La tarde se fue espesando y a ello contribuyó el pelotón de guardaespaldas (moles de carne y mala leche de casi dos metros) que hacía plantón en todas las puertas del Hilton de Buenos Aires. Fanáticos maradonistas cultivaban su llamita de esperanza: ver por un segundo, por favor, al ídolo, a Diego. A ese Diego que apareció en todos los quioscos argentinos disfrazado de Osama Bin Laden durante su 41 cumpleaños en la portada de la revista Caras.
Pero Diego Maradona se encontraba durmiendo en la suite presidencial, en su mundo. Dos horas después, el éxtasis: Maradona y su sombra (Guillermo Cóppola). El peluquero modeló el peinado de Diego al estilo México-86, pero nadie hizo nada con el resto. Las gafas fashion disimularon vanamente los ojos de mito castigados por el cansancio y los ansiolíticos.
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Las primeras respuestas de Diego destilaron agresividad contra los preguntadores. Lengua de trapo, unos cuantos litros de veneno, látigo contra el stablishment, contra el "terrorismo internacional que bombardea y asesina en Afganistan", contra los no-diegos del mundo. La segunda parte de su comparecencia se la dedicó a sí mismo, a sus hijas, a Fidel ("que cada día es más fenómeno") y a Ménem.
Nadie pudo preguntar más. Diego salió por piernas rodeado por una centuria de custodios a la casa de Ménem, el ex presidente argentino, en arresto domiciliario al estar acusado de corrupción. Maradona cenó un asado con él disfrazado... de talibán, la última obsesión maradoniana.



