Congelados
El Madrid tuvo al Lokomotiv en sus manos durante media hora, pero después se relajó y acabó con seis canteranos.

El partido de Moscú no dejó ningún sabor en el paladar. Ni los chavales de la cantera sobresalieron ni los suplentes reconvertidos a titulares gustaron. El Lokomotiv se llevó los tres puntos por fajarse mejor bajo el agua nieve, por tener chispa en el área y por poner esa pizca más de empeño que diferencia a quien necesita la victoria. El Real Madrid tuvo media hora de lucidez, en la que incluso pudo encarrilar el marcador de no mediar un lamentable error de Munitis. Después, se congeló hasta el final, se enmarañó en una anarquía táctica propia del desorden propiciado por la acumulación de hasta seis canteranos en el equipo.
Del Bosque no se levantó ni una vez del banquillo. Era un partido de esos que el entrenador dice en el vestuario: "Salgan y diviértanse". Los deberes en esta ronda de Champions estaban bien resueltos mucho antes. Por eso el choque fue como una película sin suspense. No había otro morbo que seguir las evoluciones de los chavales. Tres saltaron como titulares y otros tres se fueron incorporando en la segunda mitad. Ninguno hizo el partido de su vida y tampoco ninguno fracasó. Cumplieron, si acaso dejando entrever cierta inmadurez razonable en el cuerpo a cuerpo. Le sucedió a Miñambres cuando Buznikin le robó la cartera en un remate de falta. Fue el primero del Lokomotiv, absolutamente inmerecido.
Antes de este golpe bajo, Solari se había hecho dueño del centro del campo, echando una mano a McManaman y enlazando bien con Munitis. Entre los tres tenían controlado el tránsito de balón y pusieron en apuros a la defensa rusa, muy expeditiva sobre todo en el caso de Obradovic. Munitis, precisamente, erró de forma inexplicable un remate a dos metros de la línea de gol. La pelota se le fue al poste. La fatalidad del cántabro se juntó con la impericia crónica de Morientes en el remate. Allí no había quien diera un susto a Nigmatulin.
Nada hacía presagiar el gol del Lokomotiv. Makelele venía haciendo un trabajo sensacional en el robo de balón, dominando los espacios. Y atrás, Helguera y Pavón daban todas las garantías de seguridad. Pero, una acción a balón parado mandó al traste las ilusiones blancas. Hasta el descanso se llegó con el mismo ritmo algo embarullado del Madrid, donde a veces se vieron pinceladas de libertinaje táctico por la falta de presión.
La temperatura bajaba a la misma velocidad que el empuje del Madrid. Sobre todo cuando en un enredo de tres defensas dejaron el balón muerto para el segundo gol del Lokomotiv. Allí no se veía espíritu de remontada sino más bien una muerte lenta y aceptada sin un solo lamento.
Del Bosque puso en liza a Valdo, Aranda y Rubén, convirtiendo el partido en un escaparate de los canteranos. Hilvanar fútbol con tal mezcla de chavales y veteranos era un milagro. Pero tampoco sufrió el Madrid un castigo cruel. La zaga del Madrid B: Miñambres, Rubén, Pavón y Raúl Bravo mantuvo el tipo con escasos apuros porque los rusos se sabían ganadores desde el segundo tanto y con pasaporte para jugar la UEFA. La derrota rompe la racha madridista en la Champions, pero no debería constar en acta.
FICHA TECNICA.
EQUIPOS.
LOKOMOTIV: Nigmatullin; Sennikov, Cherevtchenko (Drozdov, min.78), Chugainov (Obradovic, min.24), Ignashevitch, Lekseto; Izmailon, Maminov, Loskov; Pimenov y Buznikin (Obiorah, min.75).
REAL MADRID: César; Miñambres, Pavón, Helguera, Raúl Bravo; McManaman (Valdo, min.61), Makelele (Rubén, min.72), Celades, Solari; Morientes (Aranda, min.61) y Munitis.
GOLES.
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1-0, minuto 30. Buznikin.
2-0, minuto 50. Cherevtchenko.
ARBITRO: Michael Riley (Inglaterra). Amonestó a Obradovic (min.26), por el Lokomotiv, y a Helguera (min.39), por el Real Madrid.
ESTADIO: Dinamo Stadium. Alrededor de 20.000 espectadores.



