Primera | Villarreal 2 - Real Madrid 3

Todo corazón

El Madrid entra en la Liga remontando el 2-1 del Villarreal con un potente tirón final, apoyado en la fe de Raúl Bravo.

TUVO TIEMPO PARA TODOS. Raúl hace feliz a los madridistas. Ayer marcó el gol de la victoria, tras un partido muy tenso, y aún tuvo tiempo al final para fotografiarse con la chavalería. Un gesto que le honró.
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Víctor Muñoz, técnico del Villarreal, tendrá que pasar por el confesionario para expurgar su culpa en la sustitución inoportuna de su tocayo Víctor. Cometió este pecado con el marcador 2-1 y viento en popa a toda vela. Fue retirar al centrocampista y hundirse el submarino.

El Real Madrid giró hacia todo lo contrario con las sustituciones en el sprint final del partido: Solari y Munitis dinamitaron las barreras. Así, el equipo blanco tuvo agallas para remontar en diez minutos de gloria, mientras el rival lanzó a la basura un trabajo sensacional con el que se veía indiscutiblemente ganador. En El Madrigal, los noventa minutos fueron molto longos, como decía el gran Juanito.

El Madrid salvó los papeles porque fue todo corazón. Suplió la falta de continuidad, de fluidez, de toque y de inspiración ante el gol con una entrega sin rendición hasta el final. Pero también es justo decir que los tres puntos llegaron cuando las cosas se hicieron medianamente bien. Cuando Raúl Bravo encontró un cómplice en Solari y Macca se fue al vestuario a reflexionar sobre su juego blandurrio, con el que provocó como mayor calamidad el primer gol del Villarreal, en un error circense.

Y también cuando Munitis se partió la cara entre Unai y Álvarez, dejando en evidencia a un Morientes que antes había naufragado por completo en el área rival.

Raúl Bravo abanderó esta lección de hombría. El chaval acabó igual que empezó: machacándose. Un ejemplo contagioso para todos sus compañeros. Lleva sangre de Roberto Carlos en sus venas. Nunca desfalleció y estuvo un grado por encima de jugadores de tanto prestigio como Figo y Celades.

Lástima que el portugués no imitara al canterano. Ayer, una vez más, demostró el bajonazo físico en el que se encuentra. Su temple en el comprometido gol de penalti le salva de una tarde para arrastre de mulillas.

La realidad fue que de inicio el Madrid estuvo muy centrado. En torno a la poderosa figura de Zidane se movió la pelota con orden. El Villarreal aceptó la propuesta de jugar al fútbol abierto, dando pie a un par de escaramuzas de Raúl cerca de López Vallejo. Sin llegar a altos voltajes, el partido estaba equilibrado y vistoso. La sorpresa fue el cante de Macca, cediendo atrás un balón mortal que acabó en pies de Víctor y de allí a la red.

La frágil estructura blanca se descompuso. Al Madrid le cayó una losa de granito. Y no se la quitó de encima, emborronando su juego por una tensión indescriptible. Pero la maldición acabó con un discutido penalti por empujón a Morientes que transformó Figo. Allí empezó la vorágine. Calleja volvió a golpear a Casillas contra pronóstico, porque el Villarreal venía dando la sensación de estar moribundo. Pero el técnico Víctor Muñoz se encargó de desfigurar a su equipo eliminando a Víctor, y dando alas al Real Madrid.

Quedaban diez minutos por delante. Una eternidad en fútbol. Y apareció la garra, por fin, de ese Madrid de siempre. Raúl Bravo, Solari, Munitis y la esencia de Zidane hicieron el milagro. Con Helguera y Pavón dando seguridad atrás, llegó el aluvión. No fue una lección de manejo de balón, pero sí de fe. Primero en el empate rabioso de Munitis y después en el carrerón largo de Solari para servir a Raúl en el remate de gol que mete al Madrid en la Liga. Apareció Raúl, apareció el madridismo de furia sobre el césped y este puede ser el principio de la resurrección.

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