El Rayo gana y J.B. roza el autodespido
La primera victoria vallecana en Liga agudiza la crisis de los vascos.

El Rayo le ha cogido gusto a ganar. Llevaba cuatro meses sin hacerlo y en la misma semana ha logrado dos triunfos consecutivos, aunque uno fuese en la Copa. El equipo madrileño, de paso, traspasó el farolillo rojo de la clasificación a una Real que tardó en meterse en el partido y que, cuando lo hizo, falló en el remate.
Manzano apostó por un equipo cuyo esqueleto fue el mismo que el pasado miércoles apeó al Atlético de la Copa del Rey. Y la fórmula funcionó. El once madrileño salió dispuesto a no dar el más mínimo respiro a la Real. Luis Cembranos sacó el manual del buen juego; Míchel, el de los pases medidos, Helder, el del robo de balones, Pablo Sanz, el de la clase... ¿Y la Real? Pues al principio hizo lo que pudo. Xabi Alonso y Aranburu pusieron más ganas que acierto en el doble pivote. Su zona era un corredor en el que los jugadores del Rayo entraban como aviones. El juego del cuadro realista fue lento y se perdió en demasiados pases sin intención.
Noticias relacionadas
Dos avisos dio el conjunto franjirrojo antes de asestar el primer gran golpe. Fue Pablo Sanz quien culminó un centro de Míchel en una jugada que había nacido en Peragón. La reacción realista fue tímida. Más producto de una menor presión rayista que de un convencimiento propio. Pero fue suficiente. Un zarpazo de Gabilondo (quién si no) niveló el resultado. El centrocampista marcó su cuarto gol consecutivo y con él la Real comenzó a creer en sí misma.
El dominio guipuzcoano soltó al equipo de Toshack. El centro del campo carburó y se animó a atacar con convicción. Su dominio se prolongó en la reanudación. Sin embargo, le sucedió algo habitual en esta temporada: las segundas partes son gafe para el once donostiarra. Luis Cembranos acabó con su sueño de puntuar Vallecas. Lo hizo al culminar una acción a balón parado. Además, Khokhlov y Gabilondo perdonaron en sendos remates cuando lo tenían todo a favor para marcar. La agonía rayista duró hasta el final. Ni un contraataque con superioridad numérica ni un balón que acabó en el poste lo evitaron.




