Primera | Tenerife 3 - Rayo 1

El Tenerife resucita a costa del Rayo

La crisis que atraviesa el equipo madrileño le lleva a ser farolillo rojo

FIN A LA SEQUÍA. Jaime hizo el segundo gol del Tenerife, que llevaba tres partidos sin marcar.
F.J.Garrido
Diario AS
Actualizado a

Los equipos madrileños son una bicoca para los canarios. Si hace unos días Las Palmas le hizo cuatro goles al Madrid, después de llevar cuatro partidos sin marcar, ayer el Tenerife le marcó tres al Rayo, cuando llevaba tres jornadas sin ver puerta. El duelo de necesidad se convirtió en el de la resurrección del equipo de Pepe Mel y el de la pesadilla para el de Manzano, que ha pasado a ser el farolillo rojo de la clasificación.

El Rayo, igual que ante Osasuna, llegó tarde al partido. El miércoles encajó un gol a los 10 segundos, ayer fue a los 102. Corino, no obstante, igualó el marcador a los seis minutos y volvió a dejar las cosas en su sitio. Es más, en la primera parte, el cuadro franjirrojo incluso pudo machacar a su adversario, pero perdonó demasiado.

Bolic desaprovechó tres ocasiones, Míchel mandó un balón al larguero y otro se le sacó Julio Iglesias con apuros. El Tenerife también tuvo las suyas, es cierto, pero bastante menos diáfanas que las del Rayo.

El manual de Gregorio Manzano para los estados de emergencia funcionaba bien. Los jugadores del Tenerife, sin embargo, tenían algún que otro problema para interpretar el de Pepe Mel. El técnico del cuadro canario se encargó de refrescárselo durante el descanso.

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Monólogo total. Y lo hizo con éxito, puesto que su equipo se aplicó y cambió de cabo a rabo. Comenzó a triangular, a mover el balón en condiciones y, sobre todo, a ser efectivo. La segunda parte se inició como la primera: con el Rayo dormido. La diferencia fue que el Tenerife tardó algo más, cinco minutos, en despertarle de su sueño y en que también aprovechó mientras se desperezaba para hacerle un tercero, dos minutos después.

El partido se convirtió en un monólogo del Tenerife, que hizo lo que quiso, cuando le vino en gana y como le apeteció. El Rayo estaba roto y sin fuerza para tratar de, al menos, salvar el expediente.

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